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El cura Angel cortó dos orejas

La plaza de Titulcia se llena hasta la bandera por la actuación del párroco torero

A las cuatro de la tarde del lunes 30 de septiembre, Titulcia se prepara para vivir una tarde llena de protagonismo. Un anciano le dice a otro en la plaza: "Voy a ver al maestro". A las cinco toreaba su cura, don Ángel Rodríguez Tejedor. El párroco hacía oídos sordos a la polémica suscitada por la denuncia que la asociación francesa de defensa de los animales Notre Dame de Toute Pitié envió el pasado julio al Vaticano, tras la becerrada que el cura lidió el año pasado en Colmenar de Oreja. Crecido por el entusiasmo de los vecinos, don Ángel abría el cartel junto con los Chicos del Arte, con José Luis Bonilla, El Colorín, a la cabeza y Javier Briseño, Guarín, tercer espada de la cuadrilla Los Marchosos.

A las 16.15, don Ángel se dirige hacia la casa de Leonor, una vecina de este pueblo madrileño, donde se dispone a vestirse con un traje gris campero alquilado por 10.000 pesetas, y que él mismo ha pagado de su dinero. En pocos minutos, la casa de Leonor se desborda de periodistas españoles y extranjeros que tratan de acercarse al párroco para tomarle declaraciones, fotos y alguna imagen para la televisión.Por la puerta aparecen 10 señoras, con edades comprendidas entre las 50 y los 61, que con trapitos hechos por ellas, muy adornadas de collares y pendientes, pintadas con un tono flamenco y con un rojo sombrero cordobés a la cabeza, llegan dispuestas a animar al protagonista de la tarde. "Es un cura excepcional. En la misa es un cura y en la plaza es un hombre como debe ser", aseguran. Esperan que salga por la puerta grande y llegan con un tono desenfadado y jovial dispuestas a lanzar flores a diestro y siniestro. Han visto en este espectáculo un bonito gesto. Convencidas señalan que si es necesario saldrán a pedir por el pueblo, para que ese cuadro de santa María Magdalena de El Greco pueda estar en una capilla, que arreglarán con el 50% de la recaudación de la becerrada, puesto que el otro 50% irá destinado a las fiestas del pueblo.

Por fin, unos minutos antes de las cinco, el cura torero sale preparado para hacer faena. Y, acompañado de una procesión de periodistas y de la banda musical de Villarejo de Salvanés, se dirige hacia la puerta de la iglesia, donde reza un padrenuestro, al tiempo que se oye un "viva la Virgen del Rosario", patrona del pueblo. Y hechos los debidos ruegos y salves, todos se dirigen hacia el ruedo, donde unas 1.500 personas han llenado ya la plaza hasta la bandera y reciben al párroco con un caluroso aplauso,

Con el permiso del director de lidia, Julián Zamora, y con. los comentarios en clave de humor, mezclando el lenguaje taurino con el eclesial, del periodista radiofónico José Luis Pécker, comienza la fiesta, que cuenta con un público incondicional.

El primer becerro es para la cuadrilla de El Clero. Andrés Sepúlveda lo recibe con unos primeros lances, y al final se encargará de matarlo. El párroco no ha podido quitarse tampoco en esta ocasión ese mal sabor de boca del año pasado en Colmenar de Oreja, cuando se despidió llorando de rabia por no haber tenido valor para matar.

Atrás han quedado esos 24 años en los que por primera vez se puso delante de un toro para bendecir un tentadero en Colmenar Viejo. Hoy, don Ángel, a sus 56 años observa más el peligro, y al ver que el animal de los hermanos García Velasco conocido como El Pera, que él mismo efigió, se podía arrancar y cogerle, se ha echado para atrás y ha llegado a "rozarle", a pesar de que su público le llamaba insistentemente para que saliese. Al final, Sepúlveda, El Sacristán, lo mató de una estocada, que valió dos orejas. Una de las cuales insistió en que fuera para el cura Rodríguez Tejedor, que se la devolvió después y quien se despidió convencido de que en esta tarde la suerte no le acompañó, puesto que, además, El Millonario, uno de sus banderilleros, fue cogido el domingo pasado en Arnedo (La Rioja) y tampoco pudo poner banderillas, aunque le "ayudó en lo que pudo". Algunos ya compararon la expectación causada esta tarde con la que despierta Curro Romero o el mismo Rafael de Paula.

El resto del cartel estuvo algo más lucido. José Luis Bonilla, El Colorín, que trabaja en unos almacenes de El Corte Inglés, a sus 32 años y siendo sólo un aficionado a la fiesta, salió en segundo lugar repleto de fuerza para contrarrestar las embestidas de su enemigo, que recibiría más tarde los aplausos del público. A mitad de su faena, las fuerzas de seguridad, Guardia Civil y Protección Civil tuvieron que intervenir cuando en los tendidos surgió la bronca entre un espectador y El Oriundo, uno de sus banderilleros. La calma llegó enseguida y Bonilla cortó dos orejas.

Y más suerte tuvo, por último, Javier Briseño, Guarín, que trabaja en un bar de Titulcia y a sus 18 años logró salir a hombros tras cortar dos orejas y un rabo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 1 de octubre de 1991