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Cartas al director

Psicología y ruido

Rota está la estival villa de Rota en su CBD (Central Business District) de la playa de la Costilla -premiada con bandera azul a los mares limpios de Europa-, cuando el dios Helios fenece ayuntándose con su par Neptuno en sus bellísimas cópulas hasta casi el albor de su esplendoroso y cotidiano renacimiento cual ave fénix, abortando sus amores con monstruosos decibelios, engendros de desbocados caballos mecánicos, manumitidos ritmos por Caronte desde una pléyade de lagunas Estigias y dramáticas cortesías humanas, y a cuyo alumbramiento presta singular anuencia la comadrona democrática electa populo. Si no, ¿cómo se entiende que, a las cinco horas de una madrugada, requerido un socrático agente de la Policía Local para que pusiera orden ante tanto desafuero, me respondiera con sonrisa giocondina: "Mire usted, debe ponerse en manos de un psicólogo para que le ayude a aprender a no oír los ruidos que le parezcan molestos"?Un poco tarumba, ya agotados mis somníferos, abandoné el lugar con el decidido propósito de no volver jamás, acompañándome la evocación conclusiva del refrán "pan para hoy y hambre para mañana", puesto que deduzco que a Rota le basta con los dólares americanos.-

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