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Nada de nada

La bolsa ha dado en esta sesión todo un recital de lo que puede ser el futuro, incluso a corto plazo: un soporte para el juego institucional. La ausencia de opciones concretas está limitando el quehacer bursátil a una serie de movimientos institucionales cuya finalidad inmediata es el ajuste de carteras y operaciones de gran envergadura. Los pequeños inversores y especuladores tienen dificil la competición en igualdad de condiciones, lo que en parte explica la ausencia de operaciones pequeñas y el descenso del volumen negociado.En esta ocasión, los avances de Wall Street y Tokio poco pudieron hacer para animar a una inversión que espera expectante la resolución de las tensiones de los mercados monetarios. Los primeros pronósticos -tal vez demasiado influídos por el acontecer cotidiano- indican que el Tesoro se puede ver obligado a aceptar las condiciones del mercado, es decir, a ofrecer mejores rentabilidades si quiere renovar los activos que vencen en estos días. El 12% de interés parece una barrera psicológica importante, por lo que todo lo que supere ese nivel va a ser bien recibido por la inversión, sobre todo por la particular.

El equlibrio que padeció el mercado durante toda la sesión se rompió al cierre y el índice terminó la jornada con un avance de 16 centésimas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 26 de julio de 1991.

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