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El ministro de Finanzas japonés se recorta el sueldo por el escándalo de la Bolsa

El ministro de Finanzas japonés, Ryutaro Hashimoto, en un gesto típico entre los dirigentes del país, anunció ayer su decisión voluntaria de recortarse en un 10% su sueldo durante los próximos tres meses para redimir de algún modo la responsabilidad en que hubiera podido incurrir en el reciente escándalo de las cuatro principales compañías de valores de Japón. "Este es el castigo que me autoimpongo por todo lo ocurrido", declaró el considerado por muchos como el más firme aspirante a ser el próximo jefe del Gobierno nipón.

La decisión de Ryutaro Hashimoto se produjo apenas 48 horas después de que su departamento impusiera un conjunto de sanciones relativamente benignas a Nomura, Daiwa, Nikko y Yamaichi, las cuatro grandes sociedades de valores de Japón, por haber otorgado de forma irregular al menos 70.000 millones de yenes (60.000 millones de pesetas) en compensaciones a grandes compañías catalogadas como clientes privilegiados por las pérdidas sufridas durante la crisis bursátil del año pasado.Las cuatro entidades han sido obligadas a suspender sus operaciones con todo tipo de empresas durante cuatro días, a partir de ayer.

Nomura y Nikko, además, se han visto envueltas en la concesión de varios préstamos a un antiguo jefe de uno de los más poderosos sindicatos de la mafia japonesa, la yakuza. Los respectivos presidentes de ambas firmas dimitieron de sus cargos hace ya diez días, y dentro de las propias compañías implicadas se han producido también fuertes sanciones económicas, algunos despidos y recortes testimoniales de sueldo.

El gesto de Ryutaro Hashimoto contradice de alguna manera al rotundo mentís que éste hizo hace unos días a las declaraciones del dimitido presidente ejecutivo de Nomura, Yoshihisa Tabuchi, según el cual el Ministerio de Finanzas estaba correctamente informado de las compensaciones que la primera compañía de valores del mundo había realizado con algunos de sus mejores clientes.

Algunos medios periodísticos insinúan que la publicidad de la operación fue obra de algunos dirigentes del gobernante partido liberal interesados en frenar el perceptible ascenso político de Hashimoto.

La compensación es un mecanismo que ha sido permitido por las autoridades financieras japonesas durante los últimos años. En concreto, la ley que regula esta actividad sólo proscribe que las compañías de valores garanticen de antemano la compensación. El Ministerio de Finanzas japonés emitió hace un año y medio una directriz desaconsejando esta práctica a raíz de un caso similar ocurrido con Daiwa.

El escándalo de las cuatro grandes ha dañado seriamente la imagen de todas ellas, tanto en el mercado japonés como en el internacional. Los directivos de Nomura Securities se han dedicado a explicar, como buenamente han podido, sobre todo entre sus clientes extranjeros, que la operación tuvo un alcance limitado y que no se sirvió de sus filiales internacionales, en contra de lo que señalan algunas informaciones.

En el caso de Nomura, además, los diarios locales han vinculado al presidente del consejo de administración con un hombre de negocios que fue detenido el pasado mes por una presunta evasión fiscal de más de 3.000 millones de yenes provinientes de la bolsa.

El Gobierno japonés ha querido dar muestras de que respondía sin más dilación al escándalo para evitar un mayor daño al hasta ahora intachable prestigio financiero del país.

El primer ministro, Toshiki Kaifú, dio inmediatamente orden a Hashimoto de actuar con contundencia, una vez que se conoció el caso pensando en que es más probable que tenga que dar más de una explicación al respecto al presidente de Estados Unidos, George Bush, en la reunión que hoy celebrará con éste en la localidad norteamericana de Kennebunkport.

Además, Kaifu deberá extender estas explicaciones a los restantes componentes del Grupo de los Siete, que precisamente se reúnen este fin de semana en Londres.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 11 de julio de 1991

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