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Irak quiere cambiar la imagen exterior

El cambio político está hipotecado por las sanciones internacionales

ÁNGELES ESPINOSA, ENVIADA ESPECIAL, "El presidente Sadam Husein desea cambiar la imagen exterior del país", dice un diplomático árabe en Bagdad. El líder iraquí habló de reformas en un importante discurso después de la guerra. Propuso la separación de Gobierno y partido, el multipartidismo, elecciones e incluso el impulso al sector privado. Casi un año después del estallido de la crisis del Golfo, no se ven signos de cambio real. Medios oficiales responsabilizan a las sanciones internacionales.

Al parecer, el jefe del Estado es consciente de esa falta de convicción de sus palabras y ha encargado a un íntimo amigo suyo -"un árabe, pero no iraquí", según una fuente que pide el anonimato-, que se ocupe de lanzar una campaña para restaurar la imagen internacional de Irak. El proyecto, aún en gestación, depende de forma directa del presidente, que ha ofrecido al responsable toda clase de medios. Esta información carece, por supuesto, de respaldo oficial."Todo el sistema no puede cambiarse de golpe", justifica un funcionario del Ministerio de Información, dolido por la incredulidad del extranjero de la voluntad de democratización de su Gobierno. Marguán Ibrahim cree de verdad que en su país se está produciendo un cambio. "La nueva política informativa es un ejemplo de ello", manifiesta para subrayar su convencimiento. Ha desaparecido la censura sobre los periodistas extranjeros, existe una mayor apertura hacia ellos y, aunque acompañados, pueden moverse con relativa libertad por el país, pero esa actitud no tiene equivalente en la prensa local.

Para este elegante funcionario, que habla un correctísimo castellano, el director general de Información, Nayi Al Hadizi, es el alma de la transformación. Hadizi, que hasta su incorporación a ese puesto dirigía la editorial oficial Dar Al Maamún, es además director del diario en inglés The Bagdad Observer, una publicación relativamente abierta y liberal si se compara con los rotativos que se editan en árabe. En todo caso, en lo que sin duda se aprecia su mano es en la selección de los minders (vigilantes) que acompañan a los reporteros, mucho más flexibles hoy que hace cinco años.

Con todo, estas transformaciones se limitan a la imagen y, desde una perspectiva interna, los sectores más críticos no han visto grandes avances en la reciente remodelación ministerial. "Se ha tratado de un mero cambio de caras", asegura un descontento. En medios oficiales se insiste en que no pueden llevarse a cabo verdaderas reformas en la situación de crisis económica que atraviesa el país. "Las sanciones internacionales ejercen una gran presión sobre nosotros y no podemos lanzarnos a transformar el sistema en estas condiciones", explica un responsable. En el terreno económico, el Gobierno acaba de anunciar una serie de medidas liberalizadoras que potencian la actividad del sector privado. Entre ellas, el levantamiento de las restricciones a la importación y la supresión de los aranceles, ya que, como ha declarado el ministro de Comercio, Mohamed MejdÍ Salej, "tras el embargo, el sector público no está en condiciones de satisfacer las necesidades del mercado externo".

El brazo estatal

Esta apuesta por el sector privado ha provocado un entusiasmo moderado. "La actividad está controlada por una decena de familias", critica un economista obligado a trabajar de dependiente por la crisis. Otras fuentes temen que ésas sean medidas exclusivamente coyunturales y que tras el levantamiento de las sanciones, esperado para agosto, el brazo estatal vuelva a dominar toda la economía.

Salej desmiente este peligro. "Se trata", aclara a un grupo de periodistas extranjeros, "de un proceso anterior a esta crisis". "Ya desde 1987 el Gobierno había expresado su voluntad de incrementar el papel del sector privado", añade el ministro recordando la venta de algunas unidades de producción. De todas formas, debido al bajo nivel de los salarios, el Estado sigue teniendo que subvencionar los alimentos básicos. Las primeras consecuencias de la repetida liberalización han resultado altamente inflacionarias, como lo prueba el reciente lanzamiento de nuevos billetes de 25, 50 y 100 dinares, que muchos temen carezcan de verdadero respaldo en el Tesoro.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de junio de 1991