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VUELTA 91

La nieve y el mal tiempo provocan que no se suba un tercio de la montaña prevista

La primera etapa de montaña de la Vuelta, Andorra-Pla de Beret, de 134,5 kilómetros, se suspendió ayer a consecuencia de la gran nevada que cayó sobre el Valle de Arán. La decisión se adoptó instantes después de la hora prevista para el inicio de la etapa y supone, junto al puerto suspendido el miércoles, que no se suba un tercio de la montaña prevista en el trazado inicial. Al cierre de esta edición, la organización buscaba recorridos alternativos para la jornada de hoy, igualmente montañosa, y que podría suspenderse si continúa el mal tiempo.

Unipublic, molesta por las críticas a su gestión vertidas desde diferentes medios, actuó a la defensiva y declinó asumir una responsabilidad absoluta sobre la decisión adoptada, que de hecho fue un tanto ambigua. Albert Gadea, director técnico de la carrera, informó que tanto los organizadores como el jurado internacional habían decidido suspender la etapa dado que el puerto de La Bonaigua, de 2.070 metros y situado en el kilómetro 116, estaba cerrado al tráfico. Pero añadió que se ofrecía a los directores deportivos la posibilidad de decidir si se disputaba una minietapa hasta la cima del Port del Canto, de primera categoría, situado en el kilómetro 41, o bien hasta la población de Esterri D'Aneu, situada en el kilómetro 93, poco antes de la ascensión al puerto de la Bonaigua. Enrique Franco, director general de Unipublic, justificó la delegación de la decisión final: "No estamos dispuestos a tomar una medida unilateral que después pueda significar, tal como están las cosas, un plante por parte de los corredores".Los organizadores de la carrera explicaron ambiguamente la tardía forma en la que plantearon la suspensión de la etapa, cuando ya todos los corredores estaban prestos a tomar la salida. Por una parte expusieron que los directores deportivos se negaron a aceptar un recorrido alternativo sin montaña y por otro que no podían improvisar la infraestructura mínima que requiere una etapa cuando buena parte de las personas que trabajan en ella ya habían viajado la noche anterior hasta el Pla de Beret, puerto de categoría especial donde debía estar situada la meta. Gadea había insistido en la tarde del miércoles que la organización no había previsto nuevas rutas y que existía un 99% de posibilidades de que la etapa pudiera desarrollarse con normalidad.

"No hemos podido improvisar", indicó ayer Franco, "porque a última hora de la noche del miércoles recibimos un fax del Centro de Iniciativas Turísticas del Valle de Arán en el que se nos comunicaba que los puertos eran transitables. La nevada se ha producido esta madrugada y lo que no podíamos hacer era instalar una meta en otro lugar".

Los directores deportivos optaron también por rechazar la celebración de cualquier tipo de sucedáneo de etapa. Quienes más insistieron en que se subiese al menos hasta el Port del Canto fueron los equipos con buenos escaladores pero mal situados en la clasificación general, principalmente colombianos, caso del Kelme de Oliverio Rincón y Martín Farfán, el Postobón de Alvaro Mejía y Luis Herrera, el Amaya de Fabio Parra y el español Laudelino Cubino y también el Seur, que cuenta con los soviéticos Piotr Ugrumov e Ivan Ivanov. Varios grupos mantuvieron una posición neutral y finalmente fueron los grupos extranjeros los que, junto al ONCE y al Banesto, inclinaron la balanza en favor de la suspensión.

El técnico más tajante, una vez finalizada la reunión, fue el del equipo Amaya, Javier Mínguez: "Para nosotros se ha acabado la carrera", indicó, "porque en esta etapa de montaña era donde nos quedaban nuestras últimas posibilidades. Para mí lo lógico es que, al menos, se hubiera subido hasta el puerto de Canto. Si hoy se vuelve a suspender la etapa o no se sube a Cerler como estaba previsto, esto se ha acabado". De idéntica opinión eran Raúl Meza (Postobón), José Antonio González Linares (Seur) y Rafael Carrasco (Kelme), sabedores todos ellos de que los dos puertos de primera categoría, de Canto y Bonaigua y el de categoría especial de Pla de Beret suponen un 30% de la montaña de la carrera, terreno sobre el cual se desenvuelven mejor los jefes de fila de sus respectivos equipos. "El ciclismo es un deporte muy duro y creo que se debían haber agotado todas las posibilidades antes de que se suspendiese la etapa", indicó Carrasco, del Kelme, ostensiblemente irritado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 10 de mayo de 1991

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