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CASO PENDIENTE

El sangriento crimen de la bañera

Un espía del Cesid, presunto homicida de un joven con el que mantenía relaciones

Felipa Cerezo, de 70 años, no entendía por qué su vecino Ramón Carlos Herraiz, de 27, no había ido a almorzar a su casa el pasado Miércoles Santo. Además, en los oídos de Felipa resonaban aún los desgarradores gritos de auxilio, procedentes del domicilio colindante, que había escuchado la noche anterior. Así que la mujer decidió llamar al 091. Minutos después, la policía descubrió el cuerpo desnudo de Ramón, asesinado en la bañera. Un espía del Centro Superior de Investigación de la Defensa (Cesid) ha sido detenido como presunto autor del crimen.

El pasado Lunes Santo, Ramón Herraiz despidió a sus padres en el aeropuerto de Barajas, donde cogieron un avión con destino a Cancún (México). Adriana decidió pasar unos días de vacaciones en las islas Baleares, por lo que su hermano Ramón -licenciado en Derecho y que se preparaba para hacer unas oposiciones- se quedó solo en el domicilio familiar del número 24 de la calle de Sombrerería, en el castizo barrio de Lavapiés.Felipa Cerezo, la vecina del piso tercero C, colindante al de los Herraiz, se despertó sobresaltada sobre la una de la mañana del pasado 26 de marzo, tras escuchar gritos de auxilio. Aguzó el oído y llegó a la conclusión de que procedían de la casa de al lado. Sabía que Ramón estaba solo y decidió llamarle por teléfono, pero nadie contestó. Asustada, optó por llamar a la puerta de su vecino. Pero éste tampoco respondió a los repetidos timbrazos.

Un día después

La mujer se preocupó aún más al ver que en la vivienda de los Herraiz había luces encendidas y comprobar que Ramón no daba señales de vida. A pesar de eso, prefirió esperar un día más. Hasta que a las once de la noche del día 27 llamó a la policía para explicar sus temores.Unos patrulleros acudieron al inmueble de la calle de Sombrerería y entraron en el piso con el duplicado de llaves que los padres de Ramón habían dado a Felipa antes de marcharse a México. Los policías, acompañados de un vecino, avanzaron hacia el salón y hallaron en un pasillo a la víctima, que estaba desnuda, apoyada en una pared, con múltiples heridas de arma blanca. Junto al cadáver había un punzón metálico y una rinconera de madera partida en dos y manchada de sangre.

Sobre la mesa del salón había una copa de cristal rota, un botellín de champaña, un cuchillo y un recorte de periódico correspondiente a los anuncios de salas de masaje y locales de prostitución. Los agentes inspeccionaron la casa y comprobaron que estaban encendidas las luces de todas las habitaciones, que el televisor seguía funcionando y que el teléfono principal y el supletorio estaban descolgados.

Los policías descubrieron también que la bañera estaba llena de agua teñida, de rojo y que los azulejos de las paredes presentaban numerosas salpicaduras de sangre. En el suelo había un botella de vidrio rota con la que el homicida probablemente había atacado a la víctima.

El Grupo de Homicidios de la Brigada Judicial de Madrid se hizo cargo de las investigaciones e inmediatamente llegó a la conclusión de que el sospechoso número 1 era Álvaro Pedro Picardo Cerrando, de 27 años, soltero, agente del Cesid, con quien la víctima había mantenido relaciones desde hace años, tras trabar amistad cuando ambos estudiaban el tercer curso de Derecho. La familia declaró a la policía que ambos habían roto sus contactos unos meses atrás, "aunque habían vuelto a reunirse al menos en dos ocasiones en el curso de las últimas semanas", según fuentes policiales.

A mediados de la semana pasada, los encargados del caso detuvieron a Picardo, quien durante la reciente guerra del golfo Pérsico había realizado una importante labor de contraespionaje al servicio del Gobierno español. Este hecho ha sido celosamente silenciado por la policía a petición del Cesid.

Descuido mortal

El presunto homicida declaró que fue a casa de su amigo Ramón por invitación de éste. Se disponían a beber una copa de cava cuando él aprovechó un descuido para golpear a su amigo en la cabeza con una botella. Tras caer inconsciente, lo desnudó y lo trasladó a la bañera. "Ramón recobró el conocimiento y empezó a proferir gritos de auxilio, momento en el que Picardo le golpeó de nuevo con otra botella y le clavó en el pecho un punzón metálico", según la información policial elaborada a partir del relato del detenido. El supuesto agresor salió de la casa dejando cerrada la puerta con llave y arrojó el punzón asesino en un cubo de basura que había en la calle.El espía Álvaro Picardo, que naturalmente carecía hasta ahora de antecedentes delictivos, aseguró en los interrogatorios a que fue sometido en la Brigada Judicial que cometió el crimen porque estaba "obsesionado por las continuas amenazas y chantajes a que le tenía sometido su amigo".

Según el presunto criminal, Herraiz le presionaba para que le facilitara información secreta de interés nacional. Sin embargo, medios policiales no conceden crédito a estas declaraciones del detenido y creen que el crimen se debe muy posiblemente a cuestiones de tipo pasional vinculadas con las relaciones sentimentales existentes entre ambos. El caso queda pendiente de que la justicia diga la última palabra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 21 de abril de 1991