"El arte es armonía"

Hace 100 años, el 29 de marzo de 1891, fallecía en París el pintor posimpresionista francés Georges Seurat (1859-1891), a la corta edad de 31 años, apenas unos diez años después de haber iniciado su carrera como pintor. Morir al poco de comenzar la treintena es como quedarse a las puertas de haber vivido, pero pintar tan sólo durante diez años es, en principio, aún mucho menos para un arte que parece destilarse en un proceso de lentísima maduración. Con todo, no hay regla sin excepción, y ahí tenemos el caso de Arthur Rimbaud, que murió ese mismo año de 1891, el 10 de noviembre, con 37 años, pero habiendo dado por concluida su explosiva actividad poética desde prácticamente 1875.Unidas por su trágica brevedad, no pueden existir, sin embargo, mayores diferencias que las que separan el temperamento volcánico y luciferino de Rimbaud del suave, tímido y reservado que poseyó Seurat, un pintor que intentó liquidar los últimos vestigios románticos del naturalismo impresionista, dando origen con ello a lo que después se conoce como posimpresionismo, una fórmula ciertamente vaga en la que también caben la mayor parte de lasotras reacciones que simultáneamente se estaban produciendo contra o más allá del impresionismo y que, como tales, constituyeron la verdadera antesala del arte del siglo XX.

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Lo posimpresionista en Seurat consistió formularlamente en la creación de las técnicas pictóricas respectivamente denominadas divisionista y puntillista, que se refieren, en primera instancia, al tipo de pincelada minúscula, cuya uniforme extensión por toda la tela convierte a ésta en una especie de pantalla vibrante horadada por mil partículas luminosas. De todas formas, se comprenderá que el asunto es mucho más profundo y complejo, ya que depende de un sutil análisis, apoyado en el estudio de los trabajos científicos sobre óptica publicados por los fisicos Chevreull y Rood, de las leyes del contraste de la irradiación luminosa.

Las interesantes reflexiones de Seurat sobre óptica y su incidencia en la pintura pueden provocar un peligroso olvido de su condición de artista, un artista formado en la tradición ingresca por Lehinar, admirador incondicional de la concepción cromática de Delacroix y que había afirmado que "el arte es armonía". Su férrea voluntad metódica, por otra parte, se puso de manifiesto en los varios centenares de dibujos que realiza durante 1882 y 1883 como imprescindible preámbulo experimental a su ulterior obra pictórica.

Entre 1883 y 1890, Seurat realizó la mayor parte de sus más célebres obras maestras Baño en Asniéres, Un domingo por la tarde en la isla de la Grand Jatte, Las modelos posando, Le Chaut, El circo, escasas en número por razón de su muerte prematura, pero, como escribió Camille Pisarro a su hijo, en una carta fechada un día después del entierro del pintor, de una "gran importancia para el futurodel arte". Confirmando esta sagaz profecía, las huellas de Seurat en el arte de nuestro siglo han sido muy relevantes y diversas, afectando, más allá del puntillismo, a artistas tan diferentes como R. Delaunay, Klee, De Chirico, Bathus, Giacometti, Nicolas Staél y otros.

Presta a inaugurarse una gran exposición retrospectiva en París, la celebración del primer centenario de su muerte quizá facilite la aproximación del gran público a este exquisito, exigente y fundamental pintor, al que ningún artista de talento de nuestro siglo ha dejado de valorar como un apoyo esencial para la creación contemporánea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 09 de abril de 1991.

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