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La Colonia Dignida lava su cara

El polémico enclave alemán en Chile niega su vinculación nazi y entreabre sus puertas

En un autobús de los años cincuenta, conclucido por un robusto chófer al que un cámara de televisión reconoció como uno de sus agresores cuando hace años filmaba el exterior de la Colonia Dignidad, un grupo de periodistas ingresó en este misterioso enclave de inmigrantes alemanes, ubicado en una finca situada a 400 kilómetros al sur de Santiago. En el momento más crítico de su vida de 30 años, la hermética colonia, utilizada por la policía secreta de la dictadura chilena como centro de torturas, según los testimonios de víctimas y de ex agentes, entreabrió sus puertas a la prensa.

Fue una visita de cuatro horas, dirigida por el abogado de la colonia, Fidel Reyes, un ferviente defensor del pasado régimen militar. Concebido para disipar la nebulosa que cubre a la sociedad benefactora y educacional Dignidad, el recorrido por menos del 5% de sus terrenos aumentó las dudas y suspicacias: los dirigentes negaron el acceso a cinco corresponsales de medios alemanes, impidieron un contacto directo con los residentes de Villa Baviera -el nombre con que bautizaron a su finca-, filmaron y rodearon constantemente a los periodistas con sus adeptos del exterior, los Amigos de la Colonia.El portón abierto por uno de los casi cien colonos chilenos -otros 220 son alemanes- que viven en Villa Baviera es una señal de los problemas que los enfrentan. El Gobierno democrático puso fin a su existencia legal como tal sociedad y dispuso el traspaso de sus bienes a una corporación metodista, por no atenerse a sus fines benéficos y vulnerar muchas normas chilenas.

La colonia, que cuenta con el apoyo de la derecha, apeló la decisión administrativa ante la justicia y sostuvo que el presidente Patricio Ailwin carece de facultad para disolver la sociedad. En una conferencia de prensa dedicada exclusivamente al tema de Dignidad, Aylwin rechazó que la medida fuera dictada por la presión del Gobierno alemán, y afirmó que tiene derecho a cancelar una personalidad jurídica, recordando que el régimen militar lo hizo con más de cien sociedades.

Hopp, un posible sucesor del líder Schaefer, de 70 años, ha sido contacto de la colonia con la CSU alemana, según Stern. Retratos del ex primer ministro de Baviera Franz Josef Strauss y de Pinochet adornan la sala de huéspedes. Ellos y el traficante de armas Gerhard Mertins estuvieron entre los amigos más influyentes de la sociedad. Impertérritos ante las cámaras, ninguno de losjóvenes del coro masculino, cantando con Ojos fijos y abierto y llenos de agresividad, contestó preguntas.

Schaefer, que fundó la colonia en 1961, después de estar acusado en Alemania de sodomía, se siente dolido con el Gobierno, según Hopp. El líder, ex enfermero del ejército nazi y predicador luterano ejerce un influjo magnético sobre los colonos. Todos los fugados de allí le acusan de homosexualidad con menores.

Los amigos de los colonos sostienen que estas denuncias y las de las torturas sobre los detenidos políticos, llevados allí para experimentar su resistencia, según informes de Amnistía Internacional (Al), no están demostradas. Reyes afirmó que se debe presumir la inocencia mientras no haya sentencias condenatorias. Aunque Schacfer y los suyos son objeto de una decena de querellas y la colonia entabló una en Alemania contra AI y Stern por injurias, los procesos no han terminado.

Uno de los fundadores de la colonia, Heiz Kuhn, que después huyó del lugar, relató que, en 1968, Schaefer le hizo relaciones públicas. "Fabricamos una cara normal para mostrarla fuera". Ayudó a su labor la escuela, el hospital y "la típica reacción del chileno ante un extranjero de ojos azules. Cualquier cosa que hacemos, la pone en un altar". Pero el Gobierno no quiere permitir un Estado dentro del Estado chileno.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 17 de febrero de 1991