Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Walesa asume la presidencia en un acto simbólico de ruptura con el comunismo

,Varsovia

PIOTR ADAMSKI Las ceremonias de investidura de Lech Walesa como presidente de Polonia, celebradas ayer en Varsovia, duraron unas siete horas y estuvieron destinadas a demostrar la ruptura definitiva del nuevo poder con el pasado comunista. "En este momento empieza solemnemente la III República", manifestó Lech Walesa ante la Asamblea Nacional después de haber prestado el juramento presidencial. Walesa, el primer presidente de Polonia elegido por sufragio universal y directo, tomó posesión de su cargo ayer al filo del mediodía en ausencia del presidente saliente, el ex comunista general Wojciech Jaruzelski, quien no había sido invitado a los actos.

A las cuatro de la tarde, en el castillo real de Varsovia, el flamante máximo mandatario polaco recibió las insignias del poder de manos del sexto y último presidente en el exilio, Ryszard Kaczorowski, en un acto que subrayaba la continuidad de la tradición política de la II República, basada en la Constitución de 1935, a cuya existencia puso fin la Il Guerra Mundial y la posterior época de la soberanía limitada de Polonia bajo el régimen comunista.

Lech Walesa, de 47 años, electricista de profesión y líder de Solidaridad durante la pasada década, conseguía ayer su más anhelada meta vital, que según los amigos se había planteado hace ya seis años, todavía bajo la noche de la ley marcial.

Walesa, quien arrasó en las presidenciales el pasado mes de diciembre, ya en el inicio de su mandato está tropezando con serias dificultades para formar un Gobierno alternativo al Gabinete de Tadeusz Mazowiecki, primer ministro dimisionario derrotado en las urnas.

Petición de ayuda a Dios

La principal ceremonia de la investidura fue la toma de juramento presidencial por la Asamblea Nacional, constituida por las dos cámaras del Parlamento. Walesa, acompañado de su mujer, Danuta, repitió, algo crispado, las palabras del juramento, pidiendo al final la ayuda de Dios en su labor presidencial, con unas palabras no recogidas en el texto original.

En un breve discurso, Walesa subrayó que acabaron los tiempos en que las autoridades de Polonia eran nombradas bajo la presión del extranjero o resultaban de compromisos políticos [con los comunistas].

Walesa declaró la voluntad de mantener buenas relaciones con todos los vecinos y de continuar, "más rápidamente y con más eficacia", las reformas iniciadas por el Gobierno de Mazowiecki. A las cuatro de la tarde, Walesa recibió las insignias presidenciales, la bandera de la República y los sellos del máximo mandatario de manos de Kaczorowski. Estos símbolos del poder los guardó la emigración política polaca desde 1945 para entregarlos al primer mandatario elegido democráticamente en el país.

El Gobierno polaco en Londres no se disolvió tras la retirada del reconocimiento internacional en 1945 por las potencias aliadas que habían establecido relaciones con las autoridades polacas dependientes de Moscú. El último Estado en romper las relaciones con el Gobierno polaco en el exilio en Londres fue el Vaticano, que lo hizo en 1958.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de diciembre de 1990