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Entrevista:

"Es imposible reducir el gasto público"

Julio SeguraEconomista, tercer premio Rey Juan Carlos de Economía Julio Segura, de 47 años, recibió la semana pasada el premio de Economía Rey Juan Carlos, que en las dos anteriores ediciones fue concedido a los profesores Andreu Más Collell y a su querido maestro Luis Ángel Rojo. La trayectoria de Segura es todo un símbolo para una generación de intelectuales españoles, tanto por su apasionada entrega al estudio como por su compromiso en la defensa de las libertades. Catedrático de Teoría Económica de la Universidad de Madrid a los 26 años, dedica sus esfuerzos a investigar en el campo de la microeconomía y al conocimiento de la realidad económica española. Fundador de la revista Investigaciones Económicas, es autor de una extensa lista de trabajos entre los que destaca Función de producción, macrodistribución y desarrollo y La industria española en la crisis 1978-1984. En el campo del pensamiento destaca su traducción anotada de los Elementos de economía política pura, de Leon Walras.

Al igual que el librepensador francés, Segura también ha sido un hombre comprometido con los problemas sociales de su época, como puso de manifiesto con su militancia comunista bajo la dictadura. Su inquietud por analizar desde una perspectiva ética los problemas económicos y la búsqueda de una mejora de la redistribución de la renta constituyen una constante en sus reflexiones sobre la realidad actual.Pregunta. Los responsables de la política económica de nuestro país establecen cada vez mayores paralelismos, tanto en el diagnóstico como en las terapias, al comparar la situación de España con la de otros países de Gobierno conservador como Gran Bretaña. ¿Qué ocurre? ¿Es que ya no hay diferencias entre una política económica de izquierdas y una política económica conservadora?

Respuesta. Yo no sé. Uno ya tiene sus sospechas de que en el mundo queden derechas o izquierdas. Pero hay un tema crucial que diferencia, una política conservadora de una política socialdemócrata, o socialista, o como se le quiera llamar. Es el tema de la distribución de la renta. Desde el punto de vista de tratar de conseguir la eficiencia yo creo que todos estamos de acuerdo. Todos creemos que la competencia en sus justos términos es positiva. Pero el tema crucial es la redistribución de la renta, y eso es lo que diferencia a Gobiernos como los de Reagan, Bush o Thatcher de Gobiernos como uno se imagina que deberían ser los socialdemócratas.

Pero una cosa sorprendente en este país es que nunca ha habido un debate público, político o técnico sobre criterios de distribución. Es decir, aquí nadie ha manifestado públicamente a ninguna autoridad económica cuándo una distribución de la renta es mejor o peor o cuál es la que trata mejor a los pobres.

Menos pobres

P. ¿Ha mejorado el reparto de la riqueza en España durante los Gobiernos socialistas?

R. Depende del criterio. Si el criterio es la posición relativa de los más pobres parece claro que la redistribución ha mejorado. Tal vez la sociedad española tiene menos pobres que hace ocho o diez años. Sin embargo también tiene muchos más ricos, lo que significa una posición relativa peor de las rentas medias.

P. Durante los últimos cinco años de bonanza económica ha habido un crecimiento notable de la actividad. Se ha aprovechado este periodo para avanzar hacia el Estado del bienestar?

R. Yo diría que las tasas de crecimiento que se han registrado de 1985 a 1989 son en parte debidas a un proceso intenso de saneamiento previo realizado entre 1983 y 1985-1986 sobre todo, pero en muy buena medida derivadas de la fuerte expansión de la economía estadounidense y de as economías europeas occidentales. Respecto a si se ha aprovechado bien o no, yo tengo la sensación de que se han hecho las operaciones básicas de saneamiento, pero que no se ha llegado tan a fondo como se podría haber llegado.

Respecto al Estado del bienestar, si se miran los presupuestos españoles en los últimos 10 años, las partidas que más han crecido, aparte de la de Defensa, son los gastos relativos a transferencias sociales. Pero uno no diría que en España se ha construido un Estado de bienestar, que no ha existido nunca, y no sé si se está en la vía de construirlo, porque los vientos mundiales no soplan en esta dirección.

P. Estos días se levantan muchas voces en medios empresariales que reclaman un recorte del gasto público. No piden moderación, sino una reducción sin ambages, como lo expresó hace poco un notable banquero.

R. Bueno, yo creo que esto es estrictamente imposible. Yo creo que además no es el nivel de gasto, sino que el tema es el déficit del presupuesto nacional. Es verdad que un déficit del 2,5% al 3% del producto interior bruto (PIB), como hay ahora, es un déficit que sería mejor que no existiera, así no habría que repercutir tanto sobre una política monetaria muy estricta. Es decir, eso que los economistas llamamos pedantemente el policy mix de monetaria y fiscal está muy desequilibrado en este país.

Es muy difícil pensar que puedan disminuir los gastos. En primer lugar, lo que son gastos en protección social y gastos de infraestructura sería un suicidio que disminuyeran por razones obvias. Los gastos de infraestructura tampoco pueden bajar. Posiblemente el gran atraso de este país es que durante dos décadas no ha estado acumulando en forma de capital público el 40% o el 50% de su renta nacional, que es lo que han hecho los países europeos avanzados. Y los gastos de protección social, porque este país tiene todavía niveles de protección social muy modestos todavía en términos relativos. Por tanto, creo que no hay ninguna posibilidad de reducción del gasto público.

Cohesión social

P. Pero otros países han recortado el gasto público.

R. En el caso de los países que lo han aplicado, a medio plazo, los efectos sobre la cohesión social y sobre el mantenimiento de las infraestructuras son muy negativos. Los casos de la señora Thatcher en Inglaterra, o de los últimos 10 años republicanos en Estados Unidos han demostrado unos niveles de degradación urbana y de infraestructuras muy considerables. En EE UU todo el mundo admite que los puentes se caen con frecuencia. Cosas insólitas que nadie podría imaginar hace 15 años. O el sistema sanitario modélico inglés de hace una década y media digamos que está en crisis. Los guetos urbanos han crecido sensiblemente.

P. Parece que se vuelve a responsabilizar a los salarios de todos los desajustes que sufre la economía española, como la inflación y déficit exterior. ¿En qué medida se puede aceptar?

R. Yo creo que en el asunto de los salarios hay dos planteamientos. El primero es que si se está preocupado por las cuestiones de corto plazo y por controlar la inflación está claro que los instrumentos que hay son muy pocos. Una vez agotadas las posibilidades, que creo que están prácticamente al límite de la política monetaria como política antiinflacionista, y con un presupuesto como el que se ha presentado, creo que por lo que se refiere a medidas de política económica general todas las posibilidades ya están jugadas.

P. Entonces, ¿cuál es la forma de reducir los costes?

R. Pues hay tres componentes, que son salarios, beneficios y costes financieros. Los beneficios ya están creciendo mucho más moderadamente, y los costes de financiación dependen de los tipos de interés, que van a seguir siendo altos en tanto no haya una flexión por parte de Estados Unidos y Alemania. Entonces el único instrumento que queda son los salarios.

P. ¿La negociación colectiva puede corregir esta situación?

R. Creo que la negociación colectiva de este país está excesivamente centralizada. En cierta manera, los interconfederales, tanto de la patronal como de los sindicatos, tienen demasiado peso en la negociación colectiva, frente a lo que son las empresas o las ramas productivas. Yo no sería partidarl o de que los salarios deben determinarse exclusivamente en función de la productividad.

"Hay que decir el coste de las energías alternativas"

Pregunta. Nuestra dependencia energética es mucho mayor que la de nuestros competidores. ¿La falta de debate no ha convertido la energía en un tema tabú?Respuesta. Creo que se ha convertido en un tema tabúr el debate sobre opción nuclear sí-opción nuclear no. La economía española ha disminuido su dependencia respecto del petróleo desde la primera crisis, pero menos que los otros países de la CE. Esto plantea el problema de las fuentes alternativas.

P. ¿Pero también es una cuestión política?

R. Sí hay una decisión política que se adoptará con el nuevo Plan Energético Nacional. Es el tema de "moratoria nuclear sí o no". Pero creo que el Gobierno debería ser transparente con la sociedad española respecto de los costes de las energías alternativas. Es decir, a mí me parecería muy sensata una decisión política que dijera "seguimos con la moratoria nuclear" si explicara a los contribuyentes cuánto nos va a costar en términos de la factura. Y los contribuyentes ya somos mayores de edad para decidir.

No obstante, creo que el problema más irritante como ciudadano, ya no como economista, es que en este país el sector eléctrico es una fuerza no solamente económica, sino fáctica, muy importante, y en general los ciudadanos no sabemos qué es lo que estamos pagando en la factura de la electricidad. Por ejemplo, que los fondos de pensiones de las empresas eléctricas se deban pagar con las tarifas eléctricas es bastante sorprendente.

P. ¿Qué tema le preocupa de forma especial?

R. Hay un tema que sí me preocupa, porque creo que es el tema decisivo a medio plazo, que es la competitividad de la economía española. Creo que es crucial porque en último extremo el restrictor del crecimiento de la economía española termina siendo siempre la balanza comercial.

Pero en la competitividad, además de los costes y de los precios, hay un tercer elemento que es lo que se llama "la competencia no vía precios". En estos momentos, cada vez más se compite por diferenciación de producto, por marcas, por servicios posventa, por diseño, entendido como diseño de ofertas para clientes importantes por vía canales de comercialización. Y en este sentido uno echa en falta que no se hayan tomado medidas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de diciembre de 1990

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