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CARTAS AL DIRECTOR

Plaza invalida

Vivo en Madrid, en una plaza situada junto al Ayuntamiento. Se llama plaza del Biombo y de plaza sólo tiene ya el nombre, porque los automovilistas la han invadido, convirtiéndola en un aparcamiento.Antes era habitual ver en ella a los niños jugando a la pelota, a las personas mayores que bajaban a sentarse en los bancos, por la mañana, a tomar el sol, y, en este tiempo, a la caída de la tarde, a tomar el fresco y charlar con otros vecinos; a las madres jóvenes, que sacaban a pasear a los niños en el cochecito.

Ahora, los niños tienen que dejar de jugar a la pelota; los mayores, su asiento y su charla al sol de la mañana o al fresco del atardecer, y los niños pequeños no pueden disfrutar de la paz de la plaza ante el avasallamiento descarado de los automovilistas que la utilizan para aparcar, con una total falta de respeto por la señal de prohibición y por los vecinos.

Ni siquiera se respetan entre ellos, puesto que aparcan de cualquier manera y se estorban unos a otros, obstaculizándose mutuamente la salida. Cuando llega el propietario del coche que no puede salir, naturalmente, se pone a tocar el claxon con avidez de hambriento. A veces esto ocurre a las nueve de la noche, a veces a las dos de la madrugada. Les da igual. No sienten ningún empacho en molestar con sus ruidos a todo el vecindario.

Le escribo esta carta para pedir a las autoridades municipales desde esta tribuna pública que intervengan para hacer respetar las leyes y velar por la paz de los ciudadanos, diariamente torturados en esta ciudad, y no creo ser tremendista al decirlo, por tantas agresiones.

El coche va a acabar con nosotros si no somos capaces de utilizarlo racionalmente, haciendo que predominen las ventajas sobre los inconvenientes y no al revés, como está sucediendo. Las autoridades políticas deberían planteárselo seriamente, en mi modesta opinión, y empezar a poner límites a los abusos, que no crean más que problemas y hacen más difícil la vida de todos.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de julio de 1990