No hay derecho
QUIZÁ ESTÉ todo dicho sobre la ley de extranjería, pero las autoridades españolas parecen pensar que todavía es insuficiente y la aplican con brutalidad. Esta semana se ha iniciado la expulsión de un centenar de marroquíes cuyo único delito era intentar sobrevivir, trabajando, en Cataluña. El último recuerdo que tendrán de España estos trabajadores es un autobús celular donde pasaron 20 horas hacinados, sin haber tenido tiempo para hacer las maletas ni para abrazar a sus pocos amigos.Estas actuaciones se producen escasos días después de que el primer ministro socialista francés, Michel Rocard, asegurara que su país entenderá como un acto de enemistad la entrada de extranjeros ilegales desde países vecinos. La expulsión masiva y sin contemplaciones parece hecha a medida para tranquilizar la advertencia francesa, al parecer dirigida especialmente a sus amigos socialistas españoles. Triste colaboración ésta que permite contemplar con pesimismo el futuro de una Europa basado en la discriminación y en el rechazo y no en la libertad y el pluralismo.
A pesar de la legalidad de la lamentada y lamentable ley de extranjería, no hay derecho. No hay derecho ni a este trato ni a estas expulsiones sin recurso ni socorro, amparadas en la discreción casi secreta de las actuaciones policiales y en la indefensión de estos honorables, por más que mal documentados, ciudadanos extranjeros que hasta hace escasos días contribuían a crear riqueza con su trabajo.
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