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FERIA DE SAN ISIDRO

Mendes afirma que pudo con el toro y con el público

E. M. Víctor Mendes se encontraba alegre al término del festejo por haber superado todas las dificultades que, según él, tuvo que soportar: "Es normal enfrentarte con el toro, pero durante una fase de la lidia de mi primer enemigo escuché cosas desagradables de un sector del público. Al final creo que pude con ambos".

Justificaba su afirmación enumerando inicialmente los problemas que presentaba ese toro, que fue protestado de salida por falta de trapío: gran listeza, exceso de casta, de codicia, de miradas a las zapatillas, de sentido, de malas intenciones sobre todo por el pitón izquierdo y muy astifino. Después exponía las virtudes que hubo de aplicarle: "La muleta por delante, baja y planchada, aguantarle los arreones con los pies quietos y mucho valor".

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El portugués, con gran incontinencia verbal, aunque hablando con lentitud y pensándolo mucho, llegaba al corolario o conclusión final: "En definitiva, les demostré, primero al público en general y luego a ese sector determinado que no quiero nombrar, su error por protestar. A pesar de su trapío justo, el animal llevaba dentro un señor toro de lidia". No le dolían prendas al reconocer que en la vuelta al ruedo que dió fueron unánimes los aplausos, lo que le reafirmaba en todo lo anterior.

Mendes añadía que la corrida de Ibán sacó muchísima casta y era para lidiadores valientes y avezados: "Ahora se entenderá, si es que alguien lo dudaba, lo que señalé antes del festejo, que las figuras no quieren lidiar estos toros porque se sienten incómodos y no saben si les podrían". Rubricaba ésta su actuación con una frase rotunda: "Quien quiera, que se atreva con estos enemigos para ver si da la talla de verdad. No soy presuntuoso, pero me parece que yo sí la he dado, ¿no?".

Plaza se echa la culpa

Un cariacontecido José María Plaza era la antítesis de Mendes y reconocia con tristeza que no estuvo bien: "La culpa de no haber alcanzado un triunfo con el sexto toro, pese a su enorme genio, fue mía porque fallé en algo que suelo dominar, el temple y la ligazón". Pese a ello, buscaba un atenuante: "Aunque los aficionados deben comprender que era mi primera corrida esta temporada y la sexta de mi vida y estos toros tan desbordantes de casta necesitan a gente más experta".

Volvía a caer en el deconsuelo ante su panorama próximo: "No puede ser peor. Así de claro, no tengo ni un sólo contrato". El madrileño, que había visto al público justo con él, un poco injusto con Mendes y demasiado frío con Campuzano, estimaba que no lució mucho con el toro de la confirmación por sus pocas fuerzas: "Con ése no me culpo".

José Antonio Campuzano disentía de la opinión de su compañero con respecto al tratamiento de la afición: "¿Fría?. Qué va, en absoluto. Yo estoy contento". Explicaba que lo que ocurrió es que sus toros no transmitían y por eso los aficionados no repondieron positivamente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de mayo de 1990