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Tribuna:
Tribuna

Después del largo cálido sesteo

La bolsa volvió ayer a la normalidad tras varios días de paréntesis obligado durante el cual se puso de manifiesto el divorcio casi absoluto entre la falta de actividad en el conjunto del continuo -caso del miércoles- y el mantenimiento de sus fragmentos en las plazas periféricas. La inexistencia del arbitraje entre mercados obliga a un funcionamiento global y uniforme en el que no es posible aprovechar los festivos de una plaza, para equiparar artificialmente los cambios en otras bolsas por medio de un trasvase de fondos, que a su vez producía enormes beneficios a los árbitros bien situados en los recovecos de un pintoresco funcionamiento hoy extinguido. Después de todo, en el despertar del largo y cálido sesteo se ha comprobado que la inactividad le ha ido bien a la renta variable, entre otras cosas porque borraba por decreto una variable económica que pende de nuevo sobre los mercados Financieros: la incertidumbre. En las últimas horas ha vuelto el fantasma de un pronóstico alcista para los tipos de interés -pasando por un obligado pequeño ciclón en el interbancario, según anuncian los expertos-; sin embargo, la sesión no se resintió apenas.

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