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Cartas al director

Policías morales

Como ciudadano de a pie que soy, me gustaría hacer observar, ya que aunque parezca mentira también los pobres tenemos voz y hasta lamento, que la soberana y nunca bien ponderada Policía Municipal, que a bien tiene nuestro cuidado y protección, me ha hecho objeto a mí y a alguno de mis familiares de su desmedida represión y de su jactancioso recelo. Concretamente quiero denunciar el acoso y muchas veces las vejaciones a las que nos vemos sometidos algunos ciudadanos de este Madrid que es de todos, a los que aun no siendo tan ilustres y plausibles como otros, creo que la Constitución nos hace acreedores del mismo trato respetuoso.Bien es verdad que nada viste más que una corbata y que las barbas o el pelo largo, por las connotaciones antihigiénicas y de dejadez que pueden suponer, llamen a la confusión a nuestros castos agentes, que poco acostumbrados a indumentarias que se salgan del traje y el cabello engominado, pueden olerse jugoso botín y presa fácil para satisfacer su fabuloso deber de servir al ciudadano cuando con mirada codielosa e inmejorable disposición patrullan nuestra ciudad y topan con algún pobre diablo que se resiste a cortarse el pelo o a colgarse una corbata.

Y es que, haciéndome portavoz de los que como yo osan mantener contra todo tipo de corriente su look y su estilo personal de ir por la vida, me gustaría con estas líneas reivindicar ese derecho tantas veces usurpado a que se nos respete y se nos permita transitar por la calle sin ser avasallados y requerida nuestra documentación en cada esquina. Y además exigir un poco de rigor y seriedad, ya que lo podrido huele y se ve a una milla (me refiero al trasiego consentido de droga que hay en la calle), y más vale trabajar como se debe que reírnos del prójimo.-

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