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Tribuna:

Para controlar la epidemia

"En nuestro entorno preocupa de manera especial el tema de la prostitución femenina y el papel que puede estar jugando en la diseminación de la infección", señala el autor de este artículo, que analiza cómo el número de personas infectadas por el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) por transmisión heterosexual en Europa aumenta día a día. "Se ha demostrado además que es más fácil la transmisión del varón a la mujer que a la inversa".

Nadie podía sospechar en el otoño de 1981, cuando aparecieron en EE UU las primeras informaciones sobre una nueva enfermedad, el SIDA, que la epidemia tendría una extensión como la actual y se convertiría en unos pocos años en uno de los problemas más graves e importantes de salud pública. Desde entonces hasta la actualidad muchas cuestiones han quedado resueltas y son aceptadas sin reservas por la comunidad científica internacional, algunas incitan a la duda y en otras muchas estamos sumidos en una gran ignorancia.Inicialmente la infección (se comprobó que la enfermedad es producida por el virus de la inmunodeficiencia humana -VIH-) se relacionó con los homosexuales, haltianos y hemofílicos, para pasar a reconocer después como colectivo más importante (al menos en los países de nuestro entorno) a los drogadictos intravenosos. Es precisamente cuando se relaciona esta enfermedad con la drogadicción cuando empiezan a adquirir importancia las mujeres y en su condición de madres sus hijos, los niños.

En España se calcula un mínimo de 100.000 drogadictos, de los cuales aproximadamente un tercio son del sexo femenino y se encuentran casi en su totalidad en edad fértil (20-25 años). La heroína produce en muchas ocasiones amenorrea (ausencia de menstruación) y algunas de estas mujeres no se enteran de su embarazo hasta que la gestación está muy avanzada.

Mecanismo básico

Es bien conocido que el mecanismo básico de transmisión de esta infección entre los drogadictos es el intercambio de jeringuillas, muy popular entre esta población en los primeros años de la actual década. Recientemente está adquiriendo cada vez más importancia la transmisión heterosexual que está perjudicando enormemente cualquier intento serio de controlar la epidemia.

En África apenas hay drogadicción y sin embargo en algunas maternidades de África central se ha comprobado que una de cada cuatro mujeres está infectada por el VIH. Es fácil comprender, conociendo las costumbres e infraestructura sanitaria de la mayoría de los países africanos, la dificultad en el control de la epidemia y la inusitada rapidez en su propagación.

El número de personas infectadas por transmisión heterosexual en Europa aumenta día a día. Se ha demostrado además que es más fácil la transmisión del varón a la mujer que viceversa. Ello se explicaría por las particulares condiciones anatómicas del tracto genital femenino. También se ha señalado que reuniendo determinadas circunstancias es posible contagiarse con un solo contacto sexual.

En nuestro entorno preocupa de manera especial el tema de la prostitución femenina y el papel que puede estar jugando en la diseminación de la infección. Inicialmente se distinguían claramente las mujeres que tenían que prostituirse para financiar su drogadicción (con tasas muy altas de infección) y las que ejercían este oficio sin tener nada que ver con la droga (casi nulas tasas de infección). Sin embargo, recientes comunicaciones en nuestro país ponen de manifiesto en este último grupo un incremento progresivo. Es fácil comprender las dificultades que entraña el intentar poner en práctica cualquier medida preventiva en este colectivo, ¿cuántas prostitutas ejercen en nuestro país?, ¿cuántas son VIH positivas?, ¿cuántas emplean preservativos?, ¿qué medidas concretas se están tomando con estas mujeres?, etcétera. El problema es universal y recientemente tuvimos ocasión de escuchar de uno de los asesores en materia de salud del presidente Mitterrand que en París resultaba imposible controlar la situación prostitución-drogadicción-SIDA (sólo hay que pasearse una noche por el Bois de Boulogne en París para darse cuenta del problema). Las medidas preventivas dan resultados positivos cuando se ponen en práctica en los grupos de prostitución controlados sanitariamente, como han reconocido los expertos griegos y holandeses; pero ¿y la prostitución no declarada?, la no controlada desde el punto de vista sanitario, que es la mayoritaria.

Resulta muy difícil desarrollar medidas eficaces en este colectivo. Un colega holandés contaba con satisfacción cómo una de las medidas más eficaces que habían puesto en práctica en Amsterdam y fruto de la colaboración con EE UU era la docencia impartida por algunas prostitutas de Nueva York que habían enseñado a sus homólogas de Amsterdam cómo colocar el preservativo al cliente sin que éste se apercibiera de tal hecho.

Consumo compulsivo

Uno de los problemas más graves con que nos enfrentamos en la actualidad es que el prototipo de mujer infectada por el VIH no siempre responde al patrón que habitualmente tenemos de mujer drogadicta intravenosa. Este patrón supone una mujer que consume de manera compulsiva drogas (habitualmente heroína), una dependencia total, un deterioro físico progresivo, la aparición frecuente de infecciones sobreañadidas, de las cuales el VIH es una más, un desequilibrio psíquico y emocional, marginación, delincuencia, etcétera.

Una mujer que se pica heroína desde hace tres años o más tiene por lo menos el 70% de probabilidades de que esté infectada por el VIH. Si esta mujer no ha tenido enfermedades intercurrentes graves no tiene por qué haber contactado en ninguna ocasión con nuestro diversificado circuito sanitario. En muchas ocasiones desconoce su situación respecto al VIH y, es más, no le interesa en absoluto. De aquí que sea necesario aprovechar cualquier circunstancia, localización, institución o persona que pueda hacerles al menos entender cuál es el problema de la infección por el VIH y cuáles son las medidas preventivas. El embarazo, y en muchas ocasiones el parto, es el momento en que se enteran de su infección.

Pero hay otras mujeres que no responden al patrón que acabamos de describir. Son mujeres que tuvieron su experiencia con la droga, que compartieron muchas o pocas veces la jeringuilla (no es preciso estar enganchado para haberse infectado) y que para ellas es una experiencia superada en sus vidas. Vida que han organizado de nuevo con otro compañero, y refieren como anecdótica su experiencia pasada en el mundo de la drogadicción, se encuentran asintomáticas (por cada enfermo con SIDA se dice que hay entre 50-100 infectados asintomáticos) y se enteran en el embarazo o en el parto de su infección. Ya han sido varias las ocasiones vividas por nosotros de detectar la infección en la madre después de desarrollarse el SIDA en su hijo.

Todavía más, algunas mujeres nunca se picaron ni compartieron la jeringuilla, aunque sí tuvieron algún compañero sexual infectado, situación que obviamente ambos desconocían en la mayoría de las ocasiones. Las situaciones que se crean al detectar la seropositividad (infección) de estas mujeres es difícil de describir. Primero, por su situación personal; segundo, por su actual pareja (que nada tiene o ha tenido que ver con la drogadicción o el SIDA) y a continuación por la incertidumbre de la infección o no de sus hijos.

Uno de los aspectos más luctuosos del SIDA en nuestro país es que el máximo apogeo de la drogadicción fue en los primeros años de esta década, justo cuando se estaba extendiendo la epidemia y se desconocía casi todo en relación con la enfermedad. Sin duda que han sido muchos los que han quedado infectados por este virus.

Desconocimiento

A pesar de todas las medidas de información general seguimos comprobando que las mujeres, sus parejas (muchas veces ausentes al estar en prisión) o sus familias desconocen lo que supone esta infección, los medios que existen para que no progrese y aparezca el SIDA, cuáles son los medios para prevenirla y por qué, cómo deben manejarse las familias o personas que conviven con ellos, etcétera. Creemos más en la información individualizada, directa y personalizada que en la información generalizada, espectacular pero poco eficaz en este colectivo.

Son mucho más los comentarios que la mujer y el SIDA merecen, pero no son posibles en esta ocasión. Señalaremos para terminar que la gran preocupación no son tanto las mujeres con el SIDA, las cuales están habitualmente controladas en el medio hospitalario, teman medidas para no seguirse contagiando, conocen muy bien su situación, difícilmente se van a quedar embarazadas y tener un hijo, etcétera. La preocupación son las mujeres infectadas que permanecen asintomáticas, no presentan ningún signo en relación con la infección y, sin embargo, pueden transmitirla a otras personas (compañeros, compañeras, hijos). Incluso reinfectarse ellas continuamente (intercambiando jeringuillas con individuos positivos o no usando preservativos) y ello les llevará inexorablemente a la infección sintomática, es decir, a los diversos estadios del SIDA. Parece lógico pensar que a este colectivo habrá que dedicarle un especial interés si se quiere realmente controlar la epidemia.

es médico miembro del European Collaborative Study Mother to Child Transmission.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 26 de marzo de 1990

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