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Cartas al director

Carta al alcalde de Madrid

Taxi light. Mientras el alcalde de Madrid pelea el segundo aeropuerto- asombro de visitantes-y-reclamo-de-turistas-intercontinentales, la mítica M-50-que enlazaría-el-ya-especulado-segundo- aeropuerto-con-el-rápido-Madrid- Sevilla (y, digo yo, con el jolgorio del V Centenario), ¿a quién puede interesar en el Ayuntamiento ocuparse de cosas tan menores como el confort de los -humildes o no, pero trabajadores- ciudadanos que se desplazan en taxi por la villa y corte? ¿Y de la protección de sus derechos a calmar la ansiedad, equilibrar el estrés y morir de un buen infarto -si así le viene en gana- mientras llega o no llega nunca a su siguiente cita?Porque en Madrid de eso se trata: llegar o no llegar a tiempo, pero que hay que ir, lo saben en Roma. Y entre cita y cita (cartera en mano, la otra al paraguas cuando hay suerte, y cuando no al cuello del abrigo parando un resfriado), haciendo maratón y torciendo el cuello..., hasta que, ¡por fin!) ¡Ta-a-a-xii!... (Qué triunfo... ¡a la Castellanal... Me acomodo). Sí, ahora puedo fumar, me -lo-merezco... (¡Qué alivio!).

Aún no se acalla el chasquido del mechero, cuando una voz represora, inquietante, enemiga, me espeta: "No fume, por favor". ¿Hay derecho?

Y digo yo, si el que avisa no es traidor, ¿no sería más noble, más humano, más rentable para el taxista (que a veces ha de conformarse con el precio que le pago apresurada por una bajada de bandera, y además pierde al cliente de atrás) venir cantando

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