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CARTAS AL DIRECTOR

Chiringuitos 'progres'

Oviedo.

Suelo estar bastante de acuerdo con las opiniones que manifiesta en sus columnas Rosa Montero, por eso al leer la que aparece en la edición del 9 de diciembre pasado no puedo menos que pensar que ha sido escrita tras una mala noche de insomnio.Mi asombro llega al límite cuando la crítica fundamental que realiza al actual Gobierno municipal de Madrid es acusarlo de carcelero por cerrar chiringuitos progres.

Me gustaría que uno de estos días mi admirada Rosa me explicase qué es lo que determina el carácter progresista de un chiringuito.

En mi opinión, existen dos tipos de chiringuitos: aquellos que utilizan las medidas adecuadas para que su música no sea oída por los vecinos del inmueble, y aquellos otros cuyo máximo interés parece consistir en lo contrario.

Difícilmente me atrevería a calificar de progresista alguno de los dos tipos; simplemente, los segundos, como contaminantes acústicos, producen externalidades, es decir, afectan al bienestar de los demás, y sí que me atrevería a calificar de progresistas aquellas políticas que corrijan las externalidades, mediante un sistema de imposición del consumo o de la producción, cuyos efectos externos sean socialmente indeseables.

Esto es lo que está haciendo la derecha en Madrid, mientras el PSOE ha sido el principal impulsor de la contaminación acústica que padecemos. Y habrá que esperar a ver cómo piensa corregir los efectos en los domicilios particulares de la enseñanza de la música en las escuelas.

Y es que en ocasiones al escribir un artículo es conveniente abandonar esquemas prefabricados, pues a fin de cuentas el propietario de un bar es un empresario, por mucho pasado izquierdista que lleve a sus espaldas.-Rosa Elena Fernández.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de enero de 1990