La economía portuguesa responde a las medidas de contención del consumo
Las medidas adoptadas en marzo por el Gobierno portugués para frenar el consumo y enfriar una economía que daba muestras evidentes de sobrecalentamiento empezaron a producir efectos visibles, con la desaceleración de la inflación y del déficit externo, sin quiebra del ritmo de crecimiento ni de la reducción del paro.De acuerdo con los resultados correspondientes a octubre, la inflación anual está todavía muy alta, en términos absolutos y en relación a la media de la CE: 12,3%, pero inferior a la de agosto, 13,7%, cuando se alcanzó el nivel más alto de los dos últimos años. El déficit de la balanza corriente se situará en 1989 entre 700 y 1.000 millones de dólares, inferior en cerca de 500 millones a las previsiones del Gobierno. Los principales motivos de satisfacción del Gobierno Cavaco Silva son, sin embargo, el paro, que se sitúa en un 5%, y el crecimiento económico global, superior al 4,5%.
Los especialistas consideran todavía que la inflación aún no está controlada, que las restricciones al crédito crean graves estrangulamientos en algunos sectores (construcción y venta de bienes de consumo duraderos) y que los Presupuestos del Estado para 1990, con previsiones de aumento del gasto público de más del 20%, van a seguir alimentando las tensiones inflacionistas.
Tal vez por este motivo el ministerio acaba de lanzar una gran operación de fomento del ahorro privado. El Pequeño libro del ahorro, apoyado por una fuerte campaña publicitaria, quieren convencer a los portugueses de invertir en sí mismos. De todas las fórmulas propuestas, dos merecen particulares recomendaciones (y fuertes incentivos fiscales): los programas de ahorro habitación (con acceso asegurado al crédito pasados dos años) y complemento de pensiones de retiro.
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