La siderurgia española deja los "números rojos'

La producción de acero creció el 7,2% hasta septiembre, por encima de la media de la CE, del 4,1%

El sector siderúrgico español cerrará este año el mejor ejercicio de su existencia después de la reconversión. Las empresas españolas del sector lograrán borrar los números rojos que han cubierto sus cuentas de resultados durante más de una década en un año en que el consumo aparente de acero tendrá un crecimiento del 8% sobre el anterior. Las empresas ininiciarán el próximo año una nueva etapa en la que tras la cirugía de la reconversión, deberán afrontar el futuro sin ayudas oficiales.El aumento del 8% estimado es un punto superior al previsto inicialmente y se puede aventurar sin dificultad después de conocer los datos de los nueve primeros meses del año. En este periodo, la producción de acero, según los datos, de la Unión de Empresa Siderúrgicas (Unesid), patronal del sector, experimentó un incremento del 8,6%. Este porcentaje es, no obstante, inferior al 9,2% experimentado hasta agosto. Los productos acabados laminados creció, a su vez, un 5% en los ocho primeros meses.

Esta bonanza en la producción siderúrgica, que se cuantifica en 9,420 millones de toneladas hasta septiembre, ha permitido que España sea el segundo país comunitario, después de Italia, en crecimiento. Ello no obstante, la producción española sigue lejos de las de la República Federal de Alemania (31,2 millones), Italia (19), Francia (14,8) y Reino Unido (14,3). El total de la CECA asciende a 105,4 millones de toneladas, con un crecimiento del 4,1% sobre el mismo periodo del año anterior, inferior notablemente al 7,2% de España.

En la Comunidad, el consumo aparente de acero disminuirá durante el cuarto trimestre del año debido a la reducción de los stocks del mercado. El descenso previsto para este año se producirá, según las nuevas previsiones, en 1990.

En España también se ha producido un aumento notable de las importaciones. Con los datos disponibles hasta agosto, las importaciones totales netas (sin maquilas) fueron de algo más de dos millones de toneladas con un aumento del 24 6%, lo que eleva el desembolso a casi 140.000 millones de pesetas. Las exportaciones, al contrario, descendieron un 3,3% situándose en 2,4 millones. Por lo tanto, el saldo sigue siendo positivo en 376.000 toneladas y en 47.622 millones de pesetas.

La situación de la siderurgia española, tras esta recuperación, hay que observarla, además, desde el de su estructura económico-financiera. A las puertas de un mercado único y después de una dura reconversión que, en algunos casos, todavía no está cerrada, las empresas siderúrgicas españolas han entrado en una etapa marcada por un cambio de tendencia que ha estado acompañada por una coyuntura económica favorable. A partir de ahora, con beneficios en el sector, tienen que afrontar el futuro sin necesidad de una intervención pública (nueva reconversión) y con el control ejercido desde Bruselas y no desde Madrid.

Los tres subsectores siderúrgicos -siderurgia integral, aceros especiales y aceros comunes- pueden hablar ahora de importantes mejoras. Sin embargo, no han sentido por igual la crisis industrial. La reconversión ha permitido eliminar las estructuras industriales improductivas, el personal excedente y las cargas financieras. Todavía, y sobre todo empresas como Altos Hornos de Vizcaya (AHV) y Aceros del Norte (Acenor) tienen necesidad de fortalecer su estructura patrimonial, que muestra síntomas de debilidad.

La empresa vasca, que con Ensidesa conforma el subsector de siderurgia integral, tienen un ratio de recursos propios sobre pasivo del 15,5%, lo que queda todavía distante del 3.5% perseguido, según pone de manifiesto un estudio sobre el sector realizado por la sociedad bursátil Renta 4. Asimismo, las empresas de acero común en reconversión sitúan ese ratio en 13,2% cuando las no sujetas a planes de reconversión lo tienen entre el 60% y el 80%. En aceros especiales, el ratio es del 21% en empresas en reconversión y superior al 45% en las restantes.

Aunque los costes de personal ya no sangran a las empresas como antes de la reconversión, los costes financieros son menores sobre todo en la integral y el cash-flow ha dejado ser negativo para todos los subsectores, el sector continúa con una baja rentabilidad sobre ventas. En 1988 era del 2,49%, causado por los elevados costes de personal sobre ventas, por encima del 20% y unos costes de ventas muy elevados por la excesiva dependencia de las materias primas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 19 de noviembre de 1989.

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