En carne propia
Desgraciadamente, está visto que sólo se aprende desde las experiencias propias. El periodista Amilibia, recluido en un centro penitenciario, quién sabe si pudiera ser un irónico ejemplo de que, como él mismo dice en su carta, "a veces resumir es un crimen". ¿Cuántas veces ha tenido que resumir Amilibia en su vida profesional? ¿Cuántas veces una persona se nos aparece como delincuente o terrorista, por más que los rotativos la edulcoren de presunto, sin disponer de la más mínima oportunidad de explicamos que han sido víctimas de un terrible error antes que de una fatal injusticia?Es muy lamentable, ciertamente, que Amilibia se vea ahora en semejante trance, pero al menos él tiene el gran consuelo de ver en letra impresa su justificada queja. Mueve, efectivamente, a indignación saber que una persona, luego de haber sido privada de libertad por los azares del destino, sea maltratada después por el descuido de quienes hacen pública referencia a su tragedia. Consuélese, pues, Amilibia, porque ¿cuántas gentes sufren parecida desventura, pero con la suplementaria condena de no poder dar la respuesta que ellas desearían a quienes quizá les destrozaron sus vidas por un exceso de celo o por un simple descuido?-


























































