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Entrevista:

Máximo Cajal: "España no es antiamericana"

Declaraciones del diplomático que negoció el convenio defensivo hispano-estadounidense

Único superviviente de un asalto en el que perecieron 39 personas, cuando era embajador de España en Guatemala, Máximo Cajal jugó los naipes españoles para sacar los F-16 de las bases. Ahora, a sus 54 años, cree que ha llegado al techo de su carrera y descubre que todavía le quedan 11 años para jubilarse. Ha ocupado puestos en Nueva York, Bangkok y París, Guatemala y Suecia, ha sido director de la OID y secretario general de Política Exterior. Actualmente es asesor del ministro y dirige el departamento español para el mantenimiento de la paz en Angola y Namibia. Este hombre con honores y tratamiento de embajador, a quien la muerte ha ignorado dos veces, opina que la vida "es una estafa".

Pregunta. ¿Cree que es España un país con fuertes sentimientos antiamericanos?Respuesta. No lo creo, quizá porque las técnicas de venta de EE UU son excelentes. Lo que veo en la calle es que todo el mundo lleva tejanos, que les entusiasma la coca-cola y bailan al son de la música rock. Falcon Crest ha sustituido a la siesta, lo que supone una revolución en las costumbres. Todo el mundo que puede manda a sus hijos a estudiar a Estados Unidos. El hecho de que exista una presencia militar crea resentimientos, y además cualquier presencia extranjera no es deseable, pero eso no significa que este país sea antiamericano. Puede haber rebrotes, pero en el fondo hay admiración. EE UU comete errores de bulto porque es una superpotencia. En otras cosas es admirable incluso para los más puros defensores de los países democráticos.

P. ¿España jugó al farol a lo largo de la negociación?

R. Soy demasiado buena persona como para ser jugador de póquer. España no ha jugado al farol. Descubrimos nuestras cartas desde el primer momento. El ala 401 se iba, en esto no había ningún margen de maniobra. Tan sólo podíamos jugar con los plazos. No hay que creerse un genio que se saca trucos de la manga. El campo está delimitado por las instrucciones, lo único que puedes introducir es una mayor o menor mano izquierda y mayor o menor paciencia, y yo soy un nervioso contenido.

P. ¿Qué fue lo más difícil de su papel en la negociación?

R. Explicar al americano las cosas de manera que no crea que le pegas una patada en todo el bebe, evitar que piense en lo de Yankee go home y convencerle de que no va a haber problemas de seguridad. Eso se puede decir de manera campanuda en la mesa, pero lo dices mejor tomando un whisky durante dos o tres horas. Gran parte de la negociación se hizo sin testigos. Hay cosas que no quieres que las oigan los demás, cuando estás explorando algunas salidas o cuando estás muy cabreado. En la mesa no hay espontaneidad. Tú entregas una propuesta escrita y la otra parte dice: ¡qué barbaridad! Al cabo del tiempo el otro te entrega otro papel y tú dices: ¿estás loco?

Una estafa

P. ¿Por qué eligió esta profesión que para usted ha supuesto arriesgar su vida?

R. Cuando uno se dedica a esta profesión intensamente se nota menos lo absurdo de la vida. A mí me cuesta mucho trabajo vivir. Creo que la vida es una gran estafa, por eso trato de enfocar la profesión como un ejercicio estético, sé que hay que mantener el tipo y guardar una cierta compostura. De esta manera, otros aspectos menos excitantes de la vida pasan más desapercibidos.

P. En un titular se leía: "Cajal gana, Bartholomew pierde". ¿Qué dice el presunto ganador?

R. No lo creo. Los dos países han salido ganando. Se han suprimido unos obstáculos más psicológicos que de otro tipo que hubieran creado perturbaciones en las relaciones bilaterales. Si no se hubieran solucionado habrían emergido dentro de unos años. Hay que saber que por resolver un problema de política defensiva no estamos condenados a pensar de la misma manera. Nuestros intereses son distintos: Estados Unidos tiene responsabilidades planetarias, y España, como potencia media, tiene intereses más limitados.

P. ¿Se ha quitado España el complejo de ayuda de cámara, del imperio?

R. Había cierto complejo de no poder reconducir esa relación defensiva por unos cauces más igualitarios. Hacía falta un dato objetivo, como es la famosa salida del ala 401, que pusiera de manifiesto la soberanía democrática de un país libre. Después de esto las asimetrías subsisten, pero las relaciones son más sanas.

P. ¿Qué importancia tiene el secreto en la política? ¿La gente tendría un concepto distinto si supiera lo que se habla en las mesas?

R. Probablemente, pero quizás sin la confidencialidad tampoco habría negociación. Una negociación con luz y taquígrafos no es una negociación. En una sociedad moderna hay que conciliar el control parlamentario con la discreción y confidencialidad. Además, la Prensa, a la larga, siempre acierta, no en los detalles, pero sí en los ciclos.

P. Los comerciantes de Torrejón se quejan de que van a disminuir las ventas, los grupos antiOTAN ya van por la décima marcha a Torrejón, han desaparecido los créditos...

R. Si se intenta equilibrar una desigualdad hay que atenerse a las consecuencias. Creo que hay que poner en un plato de la balanza lo que se pierde materialmente, como la desaparición de los créditos, que fue una opción política correctísima, y lo que se gana. Una relación defensiva se establece porque se comparten intereses comunes, no porque una de las partes da dinero a la otra, porque eso es un arriendo de territorio. Comprendo que pueda haber preocupación en Torrejón, pueblo aunque no nos corresponde a los negociadores solucionarlas. Respecto a las marchas, como todo en este mundo, me parecen legítimas, pero frases como "OTAN no" van contra la voluntad mayoritaria expresada en un referéndum. Lo que no nos explican los que propugnan esta teoría es qué tipo de defensa quieren. Una España fuera de la OTAN, sin presencia militar norteamericana, sería un país en rueda libre. Estos grupos no dicen el precio que habría que pagar. Nada es gratis y menos en las relaciones de poder. Una neutralidad armada supone un enorme gasto de defensa, y esto es contradictorio porque quienes propugnan esta postura piden también la reducción drástica de gastos de defensa. Ahora sabemos a qué atenernos, dónde estamos y lo que nos cuesta formar parte de la OTAN.

P. ¿Qué hubiera pasado sí en el referéndum hubiera salido no?

R. Prefiero no pensarlo.

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