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La 'fiebre' de Villaconejos

El pueblo de los melones se convierte en la capital nocturna del sur

Los melones dieron fama y dinero a Villaconejos. Y Don Melón consagró a este pequeño poblachón manchego de 3.000 habitantes como rey indiscutible de las noches del sur de Madrid. Miles de jóvenes de Aranjuez, Chinchón, Madrid, Toledo y Guadalajara toman al asalto sus discotecas al filo de la medianoche. Poco les importa el calvario de más de 50 kilómetros por carreteras de cabras. El caso es sumergirse en la marcha de la calle de Los Huertos, bucear en la disco-piscina Ibiza o acabar mojando unos churros a las tantas.

No se cortan. A las tres de la madrugada, las 13 semifinalistas pasean su palmito y hacen oídos sordos a los admiradores, que lanzan los piropos más agradecidos y las indirectas más punzantes: "¡Cómo nos gustan los puntos de sutuuuuura!". Las semifinales de Miss Madrid en Don Melón son todo un éxito. Cientos de jóvenes abarrotan la inmensa discoteca desde horas antes del concurso y se deleitan con el aperitivo musical. "Hemos sido los primeros en montar un concurso de acid house en el sur de Madrid", presume José Francisco Rodríguez, uno de sus propietarios.

Y es que Don Melón no es una discoteca cualquiera. Ocupa el cascarón de un antiguo cine y nada tiene que envidiar a sus hermanas madrileñas: dos plantas, vídeo gigante.... Hasta un autocar que caza marchosos en los pueblos de los alirededores como si fueran amas de casa que van de compras al hipermercado.

"A mí todo esto me parece una horterada", dice Ana Garrido, una joven madrileña que ha venido "por primera y última vez". A su lado, un joven recién lle ado desde Arganda se confiesa "alucinado" al contemplar "un sitio así en un pueblo como éste".

"¿Por qué Don Melón?", se pregunta José Francisco Rodríguez. "El nombre se le ocurrió a mi esposa. A mí me pareció una ridiculez, pero tengo que reconocer que ha dado resultado".

La otra estrella de la noche villaconejera se llama Ibiza. El agua de la disco-piscina parece un estanque hasta la medianoche. A partir de esa hora llega la marejada de jóvenes. Vienen de Carabanchel, de Villaverde, de Ocaña, de Tarancón... Empiezan con las pilas puestas y acaban haciendo eses por las maltrechas carreteras de Villaconejos.

A cuerpo de rey

Eugenio Reyes y Miguel Ángel Sala son dos de los clientes fijos de Ibiza. Tienen 32 y 26 años, trabajan en El Corte Inglés y vienen todos los sábados desde la capital. Aparcan el coche, se sientan junto a la parrilla y cenan a cuerpo de rey: chuletas, chorizo y pinchos morunos. "No conozco nada como esto en Madrid", afirma Eugenio. "Aquí te sientas y haces amiguetes de los lugares más exóticos. Hay días que nos quedamos a dormir en el coche y llegamos a Madrid el domingo al mediodía". A su lado, Miguel Ángel reconoce llevar en su venas la fiebre de Villaconejos: "Hasta ahora no nos hemos comido nada, pero tenemos la moral bien alta".

El artífice de Ibiza se llama Agustín Fernández Gil, un agricultor que cambió el rastrillo por el neón. La empresa familiar de Fernández Gil se estrenó hace más de tres años con otra discoteca: El Caballo Blanco.

La última aventura familiar se llama Disco Infarto, un local a la última que no parece haber cuajado. "Abrimos en mayo y nos fue muy flojo. De momento no sabemos qué hacer con ella", dice Fernández Gil.

Más marcha. En la mismísima calle de la Iglesia están la discobolera Kiss y el pub más moderno, el Ya Era Hora. Pero la calle del ritmo es la de los Huertos. Los bares se suceden uno tras otro hasta llegar a La Nuit y al tablao flamenco Jarana, justo en frente de Disco Carballo, el local que abrió fuego en Ias noches calientes de Villaconejos.

A Daniel Caballero, alcalde socialista de Villaconejos, parecen preocuparle poco los excesos de la noche: "Hay gente que protesta por el ruido de los locales, pero la verdad es que no dan muchos problemas. La juventud que se pasa por aquí es gente pacífica". El alcalde reconoce haber caído -"aunque muy de noche en noche"- en la tentadora vida nocturna de su pueblo.

A las cuatro de la madrugada se encienden unos potentes reflectores en Don Melón. ¡Suspense! Pitos y aplausos para recibir a las dos semifinalistas del concurso Miss Madrid, que salen a saludar en bañador.

Alguien, con voz atronadora, rinde su homenaje a los atributos de las participantes y al producto que da de comer al 60% de los habitantes de Villaconejos: "¡Vivan los melones!".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 6 de agosto de 1989