Tribuna:SERIE FINAL DE LA N. B. A.Tribuna
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El adiós de Jabbar

Kareem se retira. En la madrugada del miércoles en España, jugó su último partido oficial con los Lakers, derrotados por los Pistons. Todavía recuerdo las primeras imagenes que vi de la NBA. Encerrados en una habitación, a través de una cámara antidiluviana de super-8, observábamos con los ojos como platos y la boca abierta un desfile de marcianos -eso nos parecían- haciendo cosas impensables para aquella época. Eran los comienzos de los setenta. La presentación de la cinta consistía en una jugada en la que un grandísimo jugador cortaba por la línea de fondo, recibía el balón de espaldas a la canasta, y sin necesidad de ni siquiera girarse, machacaba el aro con aparente facilidad. Llevaba el 33 a la espalda. Era Kareem Abdul Jabbar, Lew Alcindor por aquella época.Ha llovido bastante desde entonces. La boca se ha cerrado y mientras tanto, Jabbar ha logrado batir todos los récords inimaginables. Algunos de ellos, con posible ilimitada vigencia. Pero a todo el mundo le llega su hora. Incluso a alguien que parecía incombustible. A pesar de algunos, que la consideran una retirada tardía, en sus últimos días como jugador los aficionados al baloncesto han rendido su último homenaje al gran mito del baloncesto moderno. Durante todo el año ha ido recibiendo reconocimiento en las canchas que visitaba por última vez. La lástima es que su último encuentro coincida con la pérdida del campeonato a manos de los Pistons. Pero esto no empañará su adiós.

Porque aquí hay cosas que están claras. Una de ellas es el reconocimiento popular de las grandes estrellas. Y no sólo por parte de su afición. Resulta impensable casos como los de Brabender o Corbalán, que por las razones que fueran se retiraron a la chita callando. Al gran jugador se le cuida, admira y reconoce. Cuando juega, cuando deja de jugar y siempre. Pase lo que pase. La envidia, los partidismos u otras historias están fuera de lugar. Y cuando le toca el turno a Jabbar, todo se queda corto. Los de aquella siniestra habitación y todos a los que gusta el baloncesto le echaremos de menos. A él, su calva y a su irresistible amigo, el sky-hook.

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 14 de junio de 1989.

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