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Reportaje:ELECCIONES EUROPEAS

Izquierda Unida y las minorías mejoran a costa del PSOE

El centro-derecha permanece estable y se prevé una elevada abstención, según un sondeo de Demoscopia

El PSOE sufre una relativo descenso en su apoyo electoral, mientras el resto de las fuerzas de ámbito estatal mantiene sus posiciones o las aumenta ligeramente, como es el caso de Izquierda Unida (IU). Se mantiene la previsión de un bajo nivel de participación; aumenta el grado de confusión e incertidumbre sobre qué candidatura votar, y parece probable que entren al reparto de escaños algunas candidaturas más de las que obtuvieron representación en 1987. Éstas son algunas de las principales conclusiones del segundo sondeo realizado por Demoscopia para EL PAÍS ante las elecciones al Parlamento Europeo. El anterior se publicó el domingo 28 de mayo.

, El Partido Socialista Obrero Español (PSOE), según el sondeo, mantiene la tendencia al descenso en el voto, no tan acusado, sin embargo, como su traducción en pérdida de escaños: un descenso de cuatro puntos porcentuales podría costarle entre tres y cinco escaños; ello se debe a que una fuerte abstención potencia el peso relativo de las opciones menores, sobre todo regionales y nacionalistas. Al no existir un umbral para participar en el reparto de escaños, y en el supuesto de una abstención cercana al 50%, algunas candidaturas que en 1987 se quedaron fuera esta vez muy probablemente obtendrán algún escaño. Es el caso del Partido Andalucista, Los Verdes, Izquierda de los Pueblos, Coalición Nacionalista o la candidatura de Ruiz-Mateos.

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En cuanto a los principales partidos de ámbito estatal, junto al descenso del PSOE destacan la estabilidad básica de los apoyos al CDS y PP (en este último caso con una moderada inflexión al alza) y el ascenso de IU, que parece recoger una cierta proporción del anterior voto socialista que le permite alcanzar un escaño más de los que obtuvo en 1987.

Frente a las siete candidaturas que consiguieron escaños en 1987, esta vez podrían entrar doce a repartir escaños. Se afirmaría así una tendencia histórica de fragmentación del sistema de partidos, que se corrigió en las elecciones de 1979 y 1982 para volver a tomar fuerza en las de 1986 y 1987.

Poco más de la mitad de los votantes (56%) declara intención de acudir a las urnas "con seguridad" el próximo día 15, frente a un 66% que así se manifestaba en las vísperas de las pasadas elecciones de junio de 1987 y un 72% con ocasión de las elecciones generales de 1986.

Sobre las candidaturas que podrían acceder por primera vez al escaño se puede decir lo siguiente: el PA parece beneficiarse especialmente del desgaste del PSOE en una de sus reservas electorales más importantes (Andalucía), lo que le permitiría eventualmente no sólo acceder al hemiciclo de Estrasburgo con su cabeza de lista, el alcalde jerezano Pedro Pacheco, sino incluso ganar un segundo escaño.

Por lo que se refiere a la candidatura de Izquierda de los Pueblos, que encabeza Bandrés, lo más destacado sin duda del posible aumento de sus votos es cómo se distribuyen geográficamente tales apoyos: en Navarra, Cantabria, Madrid, ambas Castillas, Aragón, Canarias y Cataluña -además del País Vasco-, la intención de voto de esta candidatura iguala o supera su media a nivel nacional. En la práctica, ello significa que esta alternativa se percibe por una franja del electorado como una opción de izquierdas más que como una opción nacionalista y, adicionalmente, que la buena imagen de Bandrés fuera del País Vasco le permite en una elección de este tipo allegar un cierto número de votos.

La Coalición Nacionalista, que encabeza Gangoiti, tendría una mejor chance para entrar que en 1987, no sólo merced a una esperada mayor abstención, sino al voto de la coalición canaria AIC-ATI, particularmente fuerte en Tenerife y que en las anteriores elecciones se presentó por separado. Este voto canario sería el principal aporte a la nueva coalición.

Las candidaturas verdes presentan un problema para el ejercicio prospectivo del resultado electoral, dado que los entrevistados no distinguen entre ellas y son cuatro. La intención de voto manifiesta se refiere siempre a los verdes, sin más. La hipótesis de Demoscopia es que en el caso de una concentración mayoritaria de este voto en una de las cuatro candidaturas le permitiría obtener un escaño. Así sucedió en las elecciones de 1987, donde una de las dos candidaturas verdes obtuvo aproximadamente dos tercios del voto verde, aunque en aquella ocasión tal proporción del voto no le permitió obtener escaño. La candidatura de referencia se denominaba Los Verdes, sin más, y de las cuatro actuales la más próxima a tal denominación es la de Los Verdes Ecologistas.

Está, por último, la candidatura de carácter más bien parapolítico de J. M. Ruiz-Mateos, que recoge un apoyo escaso y tal vez volátil, disperso en forma bastante pareja en un número considerable de regiones españolas. En el sector más conservador de la derecha, este apoyo parece reflejar un descontento y malestar tan expresivo y radical en la forma como probablemente disfuncional respecto de objetivos políticos de largo alcance. Por lo demás, el mismo carácter del contenido programático de la candidatura hace difícil el pronóstico respecto a la solidez del resultado. Como sucede a menudo entre electorados más sólidos, la campaña y las encuestas se aprovechan para desahogar expresivamente el malestar político en mayor medida en que se cambia el voto a la hora de las urnas.

Por lo que respecta a CiU, es preciso tener en cuenta que entre sus electores se registra un porcentaje de indecisos en cuanto a acudir a las urnas el próximo día 15 del 50%, claramente superior al que se da en la mayoría de los restantes electorados. Si finalmente parte al menos de esos votantes convergentes que se muestran ahora remisos deciden acudir a votar, la lista que encabeza Gasóliba conseguiría muy probablemente el tercer escaño. Por últirno, las candidaturas de Europa de los Pueblos y Herri Batasuna no presentan ninguna novedad respecto a la situación establecida en 1987.

En IU, los más descontentos

La valoración de las campañas de propaganda y publicidad que están llevando a cabo los partidos guarda un estrecho paralelismo con la intención explícita de voto. Así, el 16% indica que la campaña que más le gusta es la del PSOE; el 10%, la del PP; el 4%, la del CDS, y el 2%, la de IU: porcentajes, como se ve, muy parecidos a los de la intención de voto. En todo caso, la campaña del PP complace a los electores de ese partido en mayor medida que la del PSOE a los votantes socialistas o la del CDS a los votantes centristas. Los votantes de Izquierda Unida son, claramente, los que en menor proporción indican que la propaganda y publicidad de su partido es la que más les gusta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de junio de 1989