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Cartas al director

Dos velas

Ya se iba haciendo rogar la columna antitaurina a la que Manuel Vicent nos tiene acostumbrados todos los años, cuando por fin apareció, coincidiendo con la primera crónica de San Isidro y con un artículo de Joaquín Vidal. Buena demostración, ciertamente, de la acrisolada independencia de este su periódico, siempre atento a poner una vela a Dios y otra al diablo.¿Y qué conclusión hay que sacar de este indirecto mano a mano, que ya viene de largo, entre dos de los primeros espadas de su Redacción?

Ahí va la mía: Vidal es el maestro, que sobresale en suertes clásicas del escribir como son el sentido del humor y el dominio del lenguaje. Vicent es el tremendista, paradigma de esta moderna mezcla de individualismo y frivolidad que convierte a la literatura en diseño.

La fiesta, cierto es, no atraviesa un período muy boyante. Hay corrupción, afeitado, aficionados de aluvión y mucho torerillo con mañas de becerrista barato. Por no haber, no hay ni antitaurinos como los de antes. Ahora sólo está Manuel Vicent-

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