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Crítica:

Sin alma, sin razón

"Quien tiene dos mujeres, pierde el alma; quien tiene dos casas, pierde la razón". He aquí el frontispicio de la cuarta película de Rohmer de su serie Comedias y proverbios, Las noches de luna llena. Ese comentario moral lo ilustra el cineasta con la historia de Louise, que por descontado perderá alma y razón en su constante búsqueda de equilibrio sentimental -un amante por aquí, un amante por allá- y de refugio espiritual -una casa por aquí, una casa por allá-. Confusión, inestabilidad y fragilidad, inmadurez, en una palabra, son nuevamente los puntos de partida establecidos por Rohmer para penetrar en el vaivén de la juventud de hoy mismo. Y, como siempre, un abismo entre lo que nuestros protagonistas piensan y dicen y lo que realmente hacen. Conjugar verbos y espetar oraciones es fácil; ya no tanto asumir en el discurrir cotidiano la maleza de tanto diálogo. Ciertamente, hay tantos hilos comunes en toda la serie rohmeriana de Comedias y proverbios que bien pudiera aplicarse a Las noches de luna llena el dicho correspondiente a Paulina en la playa, la de la semana pasada: "Qui trop parole il se mesfait". En todo caso, un nuevo ejemplo de la maestría del cineasta francés en captar un tiempo y una generación, con sencillez aplastante, ironía y comprensión.

Las noches de luna llena se emite por TVE-2 a las 21.35.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 17 de abril de 1989