Kohl, en la cuerda floja
NI NUEVOS hombres, ni nuevas ideas... Tal podría ser el resumen de la remodelación de Gobierno que acaba de realizar el canciller Kohl, en un esfuerzo por frenar el deslizamiento de su partido hacia el abismo. Después de sus rotundos fracasos en las elecciones de Berlín Oeste y del Estado de Hesse (particularmente en su capital, Francfort), se esperaba que Kohl reorganizase su Gobierno con sangre nueva para demostrar que era sensible a las críticas de los electores y que era capaz de constituir un equipo más dinámico y prestigioso. Pero el cambio efectuado indica más bien lo contrario: la impotencia del canciller. Sólo entran tres nuevos ministros sin particular relieve. El cambio consiste en que una serie de ministros, desgastados en los cargos que han ocupado hasta ahora, pasan a nuevos ministerios. En el, orden político sólo destaca el que un Kohl debilitado ha cedido más espacio a la Unión Cristiano-social bávara, acentuando así el derechismo de la coalición gubernamental.El objetivo de este Gobierno es evitar que las elecciones europeas de junio sean una nueva catástrofe para la democracia cristiana alemana. Es un objetivo difícil. Los sondeos indican que se halla en el nivel más bajo de su historia. Un 65% de los ciudadanos alemanes desea que Kohl deje la jefatura del Gobierno. En cambio -hecho sin precedente-, en Berlín Oeste y en Francfart, socialdemócratas y verdes han creado una coalición para gobernar ambos municipios. Lo ocurrido en esas dos ciudades puede ser el anuncio de una nueva perspectiva para el futuro de la RFA.
No es positivo que la RFA tenga un Gobierno débil cuando se plantean en el escenario europeo problemas decisivos. A finales de mayo tendrá lugar la cumbre de la OTAN, con la participación del presidente Bush, decidido a obtener en esa reunión la aprobación europea a una modernización de los misiles nucleares tácticos. En un momento de evolución positiva en el Este, con inmejorables posibilidades de avanzar en el desarme convencional, tal modernización tendría para Europa efectos nefastos. La reciente actitud del Gobierno belga indica una tendencia contraría a la modernización, que España debería reforzar. En todo caso, el país más interesado en evitar esa modernización es la RFA, ya que, si los misiles cortos fuesen utilizados, caerían exclusivamente en territorio alemán. Kohl defiende en este tema el aplazamiento de la decisión, alegando que, si la OTAN opta por la modernización, el SPD y los verdes sacarían ventaja; argumento electoralista que no deja en buen lugar al canciller. Equivale a reconocer que después de las elecciones de 1990 se hará lo contrario de lo que desean los ciudadanos alemanes. Curiosa tesis para un demócrata.
Por otro lado, para mediados de junio está fijada la visita de Gorbachov a Bonn. Será una ocasión de oro para profundizar el debate con la URS S sobre el problema del desarme. Una posición soviética favorable a medidas radicales de desarme convencional reforzaría la oposición europea a la modernización de los misiles tácticos. Pero la existencia en Bonn de un Gobierno que se mantiene en la cuerda floja no permite albergar excesivas esperanzas sobre los resultados concretos de la visita de Gorbachov. Servirá sin duda para su propaganda; pondrá de relieve el cambio de la opinión alemana occidental, dominada por el antisovietismo durante décadas, pero que ahora se abre a las nuevas realidades del Este.
En todo caso, el momento de la verdad para el nuevo Gobierno de Kohl serán las elecciones europeas, que coinciden con elecciones municipales en dos Estados federales. Si las urnas registraran un nuevo retroceso de los democristianos, Kohl tendrá que ceder ante las fuertes presiones que en su propio partido le piden el retiro. A nadie beneficia que el Gobierno de la RFA esté en una situación de semicrisis. Y desde luego no le interesa a Europa.
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