Expectación y escepticismo ante el anuncio de la fusión nuclear fría en tubo de ensayo

Físicos teóricos y experimentales de todo el mundo han acogido con expectación no exenta de cierto escepticismo el anuncio realizado recientemente por un químico británico y otro norteamericano según el cual es posible obtener la fusión nuclear en un tubo de ensayo a temperatura ambiente. Los científicos Martin Fleischmann y Stanley Pons, que gozan de una buena reputación y mantienen una estrecha amistad, han anunciado que publicarán un artículo sobre sus descubrimientos en el número del 1 de mayo de la revista científica Journal or Ekctroanalytical Chemistry and Interfacial Chemistry.

Las mayores críticas de los científicos se han centrado en la forma como fue presentado el descubrimiento -el pasado 23 de marzo, en una operación de relaciones públicas en la universidad de Utali (Estados Unidos), donde se han realizado los experimentos-, cuando todavía no se han publicado los resultados en ninguna revista científica. Detrás se encuentra el posible interés económico del tema, que permite pensar, aunque con todo tipo de cautelas, en la obtención de energía a partir de una fuente prácticamente ¡limitada como es el agua del mar, con mucha mayor facilidad y rentabilidad que con los costosos métodos experimentales actuales. El pasado viernes, Fleischmann, de 62 años, presentó sus descubrimientos en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN) en Ginebra ante un auditorio inusual por el número de asistentes en este tipo de seminarios. Unos 500 científicos acudieron al encuentro, que fue presentado por el director general del CERN, el prestigioso premio Nobel Carlo Rubbia.Equipos de todo el mundo se encuentran en estos momentos intentando reproducir los experi mentos, pero actúan a ciegas, ya que no disponen de los detalles necesarios, y ello a pesar de que según sus descubridores, el material necesario es el elemental en cualquier laboratorio. Grandes instalaciones que investigan en fusión nuclear, como los laboratorios nacionales de Livermore y Los Álamos, en Estados Unidos han mostrado su interés. En el la boratorio de Harwell, en el Reino Unido, en el que Fleischmann colabora, los científicos que tratan de obtener los mismos resultados en células de combustibles se han mostrado muy cautos. "Lo que Fleischmann dice tiene indudablemente interés académico y sabemos que no se ha inventado los resultados", afirmó ayer un portavoz del laboratorio que pertenece a la agencia nuclear del Reino Unido.

Sin radiación

Las mayores dudas se centran en que se trate verdaderamente de un fenómeno de fusión, sobre todo porque no se ha detectado la radiación de neutrones esperada. El flisico Manuel Perlado, del Instituto de Fusión Nuclear de la universidad Politécnica de Madrid, cree que en una reacción electroquímica como la producida por Fleischmann y Pons no puede haber energía suficiente para obtener la fusión de los núcleos. "Puede tratarse de una reacción exoenergética (con producción de energía) como las ya conocidas por reacción metalagua pesada. Dicen que se ha producido una generación anómala de calor en la proximidad del electrodo de paladio que no se puede explicar por electrólisis". Perlado explica que, según Fleischmann y Pons, los electrodos de paladio platino actúan como una esponja de hidrógeno, absorbiendo las moléculas de deuterio (forma de hidrógeno) y llegando a producir la unión de sus núcleos, un fenómeno desconocido hasta ahora.

En circunstancias normales es necesario alcanzar una altísima temperatura para superar el potencial de repulsión de los núcleos, pero también es verdad, recuerda Perlado, que ya se conoce un método de obtener fusión a temperatura ambiente, mediante la catalización del proceso por unas partículas llamadas inuones, aunque resulta absolutamente no rentable.

El incremento d e temperatura que afirman haber medido Fleisclimann y Pons en un calorímetro es muy espectacular, según Manuel Aguilar, jefe de la divísion de Física de Partículas del CIEMAT, que prefiere reservarse su opinión por el momento.

Se trata de un incremento de unos tres órdenes de magnitud, con una inyección de energía menor, de ese orden, que la obtenida. Sin embargo, investigadores de la universidad de Brigham Young, también de Utah, afirman haber duplicado el experimento, pero obteniendo un mínimo aumento de la temperatura.

Demasiado sencillo

El experimento para obtener energía de fusión a temperatura ambiente, tal como lo explica Stanley Pons, un químico de 46 años con una vocación a toda prueba, no puede ser más sencillo. En una cubeta llena de agua pesada (una parte de oxígeno por dos de deuterio, isótopo del hidrógeno), Pons y Fleíschmann pusieron un electrodo formado por paladio metálico rodeado de platino e hicieron pasar una corriente hasta que, afirman, el deuterio se concentró en el paladio y se unieron los núcleos de sus átomos liberando energía. Ahoraquieren repetir el experimento a gran escala, en una piscina llena de agua pesada.El objetivo final es el mismo que pretenden conseguir Estados Unidos, Europa y la URSS con sus ingentes esfuerzos para reproducir el proceso que se da en el Sol, en los que llevan gastados miles de millones de dólares ante el señuelo de una fuente de energía inagotable (el agua) y poco contaminante. Ante los diversos métodos empleados -confinamiento inercial, confinamiento magnético y catalizada por intiones- la materia ha mostrado gran resistencia a dejarse dominar y el camino sigue sembrado de dudas sobre la posible rentabilidad de un proceso que tardará todavía décadas en llegar al mercado.

En el método de confinamiento inercial, los láser y rayos de partículas más potentes se utilizan para bombardear minúsculas esferas de combustible y superar así la repulsión eléctricamentre núcleos. En el método de confinamiento magnético, se supera la repulsión por el calentamiento hasta millones de grados del plasma, metido en una botella magnética. En la catalización por inuories se puede hacer a temperatura ambiente, pero está todavía en fase experimenta¡ muy primitiva.

Por todo ello, parece demasiado fácil lo que proponen Reichmann y Pons, sin grandes aparatos, sin tecnologías de punta y sin radiación contaminante.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 04 de abril de 1989.

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