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Reportaje:

Lepidópteros autóctonos

El Plan de Invertebrados pretende conocer hasta 200 ejemplares de mariposas

Nunca antes una carretera había sido tan respetuosa con una colonia de lepidópteros. La EuchIoe belemia y la Artogeia mannú, dos especies muy raras que son difíciles de encontrar fuera de la Comunidad de Madrid, siguen volando a sus anchas por el monte de El Regajal gracias al detalle de la variante de Aranjuez, que se desvió unos 800 metros por respeto a las mariposas. El día 19 se abrió la veda para los cazadores y amantes de estos insectos, que presentan en Madrid hasta 200 variedades.

Unos son especialmente bellos y otros, en forma de plagas, totalmente indeseables. Para proteger unos y acabar con otros, la Agencia de Medio Ambiente está dando los últimos retoques a un Plan de Invertebrados de la Comunidad de Madrid.Al perro de Mariano de la Paz Gräells le dio por ladrar. El prestigloso médico, que se encontraba buscando un misterioso lepidóptero por las estribaciones de Guadarrama, dio un salto.

Y allí estaba ella, verde como una manzana, con ocelos de color azul pálido, amarillo, vinoso y negro. Días después, la reina Isabel II lucía un hermoso ejemplar disecado en un baile que se celebró en palacio.

Padre científico

Este singular acontecimiento en la historia de la entomología ocurrió allá por el año 1849. Hoy en día, la Graellsia Isabelae -así bautizada en honor a su padre científico y a la reina- está considerada como la mariposa más bella de Europa. Fuera de la Comunidad de Madrid, sólo se encuentra en contadísimas cadenas montañosas de la península ibérica, así como en un valle de Los Alpes.Carlos Gómez Aizpúrua, prestigioso entomólogo y conocedor como nadie de la variedad de insectos que pueblan los valles madrileños y las montañas de la comunidad, se confiesa un enamorado de la Graellsia Isabelae. "Se trata de una especie única que hay que proteger como sea", afirma.

Los entomólogos aconsejan que su captura sea permitida sólo con licencia y exclusivamente para fines científicos.

Parajes como Peñalara y los bosques de Cercedilla y de San Lorenzo de El Escorial han ejercido desde siempre un misterioso atractivo para los especialistas, sobre todo extranjeros. Sólo en la sierra de Guadarrama es posible encontrar hasta 124 especies de mariposas.

Los yesos y calizas de la zona sureste de Madrid son caldo de cultivo para numerosas especies como la Orgyia, una pequeñísima mariposa de color ocre que sólo es posible encontrar en Arganda. Las vegas del Henares, Jarama y Tajuña presentan también una enorme variedad de lepidópteros.

El monte de El Regajal, en Aranjuez, es un pequeño paraíso de especies raras como la Euchloe Belemia, que fue descubierta en el año 1799. Este reducto de mariposas es punto obligado de cita para los estudiosos y los científicos.

Pero los lugares más frecuentados por los aficionados siguen siendo la Casa de Campo y el monte de El Pardo, que se pueblan de cazamariposas cada 19 marzo, fecha ya clásica en la que se levanta oficiosamente la veda en la región.

Según la Guía de Campo de las mariposas diurnas de Madrid, "hasta en plena capital, incluyendo el paseo de la Castellana, la Gran Vía y nada menos que la puerta del Sol, puede el observador atento ver planear algún papiliónido o piérido despistado, pero lleno de vitalidad".

El Plan de Invertebrados de Madrid, que pondrá en marcha próximamente la Agencia de Medio Ambiente (AMA), pretende proteger las especies más valiosas y acabar con las dañinas quemachacan temporalmente campos y bosques. ¿Cómo?

"Atacando las plagas con insecticidas de síntesis cuyos efectos se pasan muy rápidamente y creando incluso criaderos para las especies más valiosas", afirma Carlos Gómez Aizpúrua. "Para eso hay que conocer a la perfección el proceso de metamorfosis de cada especie". En Madrid hay más de una decena de plagas que se ceban sobre todo con las encinas, pinos y fresnos.

Saltamontes

De las mariposas a los saltamontes. Porque Madrid es también el caldo de cultivo muchos otros insectos que han pasado a la historia como ejemplares raros. Es el caso de una especie autóctona del pueblo madrileño de El Molar que fue descubierta en el siglo XIX y que los expertos creen extinguida.Se busca: ortóptero de color testáceo y de actividad crepuscular, con quillas laterales muy obtusas y con los cercos del macho cortos y cónicos, ligeramente sinuosos a lo largo del margen interno. Responde al pomposo nombre de Steropleurus Obsoletus.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 3 de abril de 1989