Respiro para Rocard
LA VICTORIA del partido socialista -o más exactamente de Mitterrand y Rocard- en las elecciones municipales de Francia rompe con una cierta tendencia pendular de la política francesa, en virtud de la cual un avance de la izquierda suele ser seguido de uno de la derecha. A pesar del desgaste del poder, de serios conflictos sociales en el sector público y de unos escándalos que afectaron a personas próximas al Elíseo, el electorado ha ratificado, y ampliado en relación con las municipales de 1983, su confianza en los socialistas. El PSF refuerza así su hegemonía en la izquierda -con un partido comunista que sigue en descenso- y conserva, a la vez, los votos de esa franja centrista que apoya a Mitterrand y se siente representada en el Gobierno de Rocard.El revés sufrido por la derecha es tanto más importante por cuanto abrigaba serias esperanzas de progresar, lo cual podría debilitar en el futuro las tendencias a la unidad. La actitud a tomar ante el Frente Nacional -que retrocede algo, pero que tiene fuerza en ciertas zonas- constituye un dilema para la derecha tradicional. Porque o acepta alianzas con él -a riesgo de "perder el alma", según expresión del nuevo alcalde de Lyón, Michel Noir- o las rechaza, y entonces se enajenan unos votos necesarios para superar a la izquierda. A ello se suma la carencia de un líder capaz de lograr un consenso amplio: aunque Chirac se ha mantenido en París, su prestigio está en baja, mientras que la coalición encabezada por Giscard d'Estaing ha sido la principal perdedora de las elecciones. Sorprende realmente la incapacidad de la derecha para presentar una alternativa cuando Mitterrand lleva ocho años en el Elíseo y cuando Rocard gobierna sin una mayoría segura en la Asamblea.
El surgimiento de los ecologistas como fuerza de ámbito nacional es la principal sorpresa de estas elecciones. Francia había sido alérgica hasta ahora a esta corriente política que se está afirmando en Europa. Los grupos ecologistas -entre los que hay matices muy dispares- pueden convertirse en un factor de renovación de la izquierda francesa, demasiado encerrada en luchas de capillas.
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