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Los cambios en Kabul elevan la moral guerrillera

La guerrilla afgana recibe cual maná enviado directamente por Ala las noticias sobre los cambios gubernamentales en Kabul. "El 50% de los hombres de Najibulá se rendirá sin combatir. Tienen la moral bajo tierra", asegura el ingeniero Mahmod, uno de los comandantes encargados de la liberación de Jalalabad. Su cuidada barba negra recuerda que pertenecía a la intelectualidad de Kabul. De ahí que aunque sólo tenga dos años de estudios de Ingeniería Civil, todos sus hombres te llamen respetuosamente ingeniero.

ENVIADA ESPECIAL, "A fines de esta misma semana se tomará una decisión sobre el ataque de Jalalabad. Nosotros ya estamos preparados, sólo necesitamos el visto bueno de los políticos que siguen ocupados en la formación del Gobierno interino afgano", afirma. Tiene 30 años y los 11 últimos los ha dedicado a luchar contra los comunistas desde el golpe de Estado de abril de 1988. "La señal de avance la dará el bloqueo de la carretera que liga Jalalabad con Kabul. Entonces habrá llegado el momento", dice sin pestañear.Sin embargo, al igual que los comandantes de los demás partidos de la Alianza muyahidin que sitian la antigua capital de invierno, Mahmod se queja de falta de municiones para emprender una operación de gran envergadura. En los últimos días Pakistán ha adoptado una postura muy legalista con respecto al problema afgano. Camiones de armamento, municiones y periodistas internacionales son reenviados a Peshawar por los policías de cualquiera de los numerosos puestos de control que tienen las carreteras. Los agentes súbitamente han dejado de hacer la vista gorda.

Mahmod, adscrito al Hezbi Islami, que lidera Yunus Jalis, uno de los partidos más fuertes en el sitio de Jalalabad, asegura que la toma de la ciudad debe ser "concéntrica", tras un acuerdo entre los comandantes de los siete partidos de la Alianza, todos ellos con una presencia más o menos importante en el cinturón muyahidin que circunda la ciudad. "Si nosotros atacamos, los demás nos seguirán", añade.

Entre las medidas que el régimen de Kabul está tomando para evitar el asalto de Jalalabad se encuentra la detención indiscriminada iniciada la semana pasada de familiares de muyahidin.[Destacados miembros del Gobierno prosoviético de Najbulá intentan pactar secretamente con los representantes de la guerrilla afgana una salida "honrosa y sin sangre", según fuentes nacionalistas citadas por Efe.]

Tras las trágicas experiencias de los asaltos de Kunduz y Kunar (al norte de Jalalabad), los comandantes de los diferentes partidos tienen ciertas reticencias en iniciar un asalto, cuya agresividad final saben que no podrán contener.

Los puntos más débiles

"Nuestros planes se basan capturar las posiciones del Gobierno en los alrededores de la ciudad, comenzando por los puntos más débiles hasta estrechar el cerco de tal manera que el pánico se apodere del Ejércitco", señala el ingeniero, casado y padre de cuatro hijos.Mahmod afirma que además de la División Acorazada número 11, que siempre ha defendido Jalalabad, ha acudido como refuerzo la número 9, que estaba detinada en la provincia de Kunar, ya totalmente en poder de la guerrilla. Las tropas gubernamentales cuentan también con la brigada número 18, milicianos miembros del Cuerpo Central que tienen un adiestramiento especial para intervenciones rápidas, policía y agentes del KHAD (espionaje militar).

En total, unos 16.000 hombres preparados para el combate. Los muyahidin, según Mahmod, son unos 12.000. Pero en Afganistán las cifras pertenecen a una rara ciencia en la que nadie coincide. Son tan elásticas como el concepto del tiempo. El ataque inminente de Jalalabad puede llegar con los primeros deshielos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 22 de febrero de 1989