Finlandia quiere cambiar de imagen

Una comisión presidida por Kalevi Sorsa intentará acercar este país nórdico al resto de Europa

"La apertura hacia el mundo es una meta prioritaria para la clase política finlandesa. Existe una imagen desajustada de lo que somos y debemos cambiarla. Para ello debemos abrir nuestras fronteras a un intercambio de fuerzas laborales y estudiantiles con los demás países de Europa". Éstos fueron conceptos básicos de un reciente discurso del ministro de Asuntos Exteriores, Kalevi Sorsa, en Abo. Una comisión especial presidida por él será la encargada de buscar las coordenadas en las que habría de situarse la nueva Finlandia.

Historiadores, escritores, científicos y diplomáticos pondrán su grano de arena en tan ardua tarea. La misión, siempre difícil para las naciones pequeñas, se complica aún más en el caso finlandés por la barrera del idioma, por una historia compleja marcada por la geopolítiea y por una relativamente reciente conquista de su soberanía política y cultural. Cabría agregar todavía una cierta reticencia de los finlandeses para la recepción de extranjeros, y no solamente de refugiados políticos, de los que Finlandia tiene el menor número entre los países nórdicos.El resultado ha sido la proliferación de versiones que poco o nada tienen que ver con la realidad del país y, en algunos casos, con una connotación hiriente para el orgullo nacional en la que sólo por ignorancia histórica puede incurrirse,

Sin hablar del hombre co mún europeo e incluso de los estudiantes en sus distintos ni veles, pocos están enterados de que Finlandia declaró su independencia en 1917 y dos años más tarde se constituyó en una república democrática que desde el punto de vista político tiene tantos méritos y tantos de fectos como cualquier otra de las democracias europeas.

Dos guerras con la URSS

Como todos los pueblos nórdicos, ha debido luchar contra una naturaleza inclemente, y en su caso además con la vecindad - 1.269 kilómetros de frontera común- con un poderoso vecino, la Unión Soviética, con el que las relaciones no fueron siempre idílicas, como lo testimonian dos guerras históricamente recientes, de la última de las cuales Finlandia salió derrotada y mutilada en su integridad territorial pero no vencida ni conquistada. Junto con el Reino Unido y la Unión Soviética, Finlandia fue el único país europeo beligerante en la II Guerra Mundial cuyo territorio no fue ocupado.La supervivencia de Finlandia como país independiente, neutral, no alineado ni en la OTAN ni en el Pacto de Varsovia, fue mirada siempre desde Occidente con una fuerte dosis de incredulidad. Encontrar una política de neutralidad compatible con la posibilidad de que su territorio no fuera utilizado como plataforma de lanzamiento de un ataque de Europa occidental al vecino del Este fue la gran obra de la diplomacia finlandesa, conocida como línea Paasikivi-Kekkonen.

El término finlandización con el que se ha querido caracterizar una vergonzante aceptación del dominio soviético resulta injusto aplicado a un pueblo que perdió 100.000 hombres entre 1939 y 1945 por defender su independencia. Y del que Stalin, que no era precisamente un sentimental, y que en dos oportunidades había querido aplastarlo, dijo a sus aliados Churchill y Roosevelt en Teherán que "una nación que ha luchado tan encarnizadamente por su independencia merece consideración".

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* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 16 de noviembre de 1988.

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