LA SOBERANA BRITÁNICA VISITA ESPAÑA

El rígido protocolo marcó ayer la jornada de Isabel II

Las alusiones al conflicto de Gibraltar volvieron a dar ayer la tónica política en la segunda jornada de la reina Isabel II de Inglaterra en España. El día, dedicado a las visitas de rigor, estuvo más bien presidido por el rígido protocolo de las dos casas reales que por un contenido estrictamente político: Isabel II depositó la tradicional corona de flores en el monumento a quienes dieron su vida por España, acudió al Ayuntamiento de Madrid y al Congreso y asistió a un almuerzo formal en la Moncloa, donde los brindis no sobrepasaron la breve cortesía.

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La referencia de Isabel II, en la noche del lunes, al "único problema que queda entre nosotros", en inequívoca alusión al contencioso gibraltareño, marcó la pauta para el tono de las intervenciones en los discursos de ayer en torno al mismo problema: así, el presidente del Congreso de los Diputados, Félix Pons, habló vagamente de "alguna página incompleta y algún capítulo por cerrar"; y el alcalde de Madrid, Juan Barranco, fue aún más circunspecto, al referirse a las rivalidades y discrepancias del pasado. Intervenciones ambas que fueron respondidas por la soberana británica con referencias a la necesidad de "abordar áreas de incomprensión histórica" y el reconocimiento de que "a menudo nuestros caminos no siempre han sido los mismos".Así, es sólo el rey Juan Carlos quien, hasta ahora y en su brindis tras el banquete ofrecido a Isabel II en la noche del lunes, ha hablado específicamente sobre Gibraltar, aunque en tono de exquisita cortesía y mostrando su optimismo en la futura resolución del contencioso.

Fuentes gubernamentales explicaron que una visita de Estado como la de la reina de Inglaterra no permite ir mucho más allá en las alusiones a problemas concretos.

En el mismo sentido se expresó el secretario del Foreign. Office, Geoffrey Howe, tras haber mantenido una única conversación, en la tarde del lunes, con su homólogo Francisco Fernández Ordóñez.

[Joe Bossano, ministro principal de Gibraltar, indicó ayer sobre las palabras de la reina Isabel II, informa Joe García, que "dejó claro el absoluto respeto del Gobierno británico a que los gibraltareños determinen su propio futuro"].

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Paralelamente, tanto fuentes españolas como británicas señalaban que el simple hecho de que se haya producido esta visita real, menos de un mes después de la llegada a Madrid de la primera ministra Margaret Thatcher, constituye "un buen indicio" de lo que puede ocurrir en la reunión que Howe y Fernández Ordóñez mantendrán, con Gibraltar como único punto en el orden del día, a comienzos de diciembre en Londres.

Isabel II comenzó ayer su jornada, en medio de cierta expectación popular, colocando la tradicional corona de flores en la plaza de la Lealtad. La reina acudió vistiendo abrigo, traje y sombrero color rosa fucsia de tonos tan llamativos como en la jornada anterior, cuando llegó a España con un atuendo azul eléctrico. La visita al Ayuntamiento, donde fue cumplimentada por Barranco, se celebró en medio de la gala municipal tradicional, y allí, ante toda la corporación, Isabel II tuvo unas palabras de recuerdo para el anterior alcalde, Enrique Tierno Galván.

Mayor contenido político tuvo su inmediatamente posterior visita al Congreso de los Diputados, donde saludó a los portavoces de todos los grupos parlamentarios en la sala internacional, que pocos días antes había recibido al presidente de la República Democrática Alemana, Erich Honecker. Mientras se producía la visita de la reina británica, el ministro de Economía, Carlos Solchaga, continuaba imperturbable explicando los presupuestos a los miembros del Grupo Socialista, en un despacho de la Cámara.

La jornada, tras una visita al Museo del Prado y dos actos de entrega de premios a cargo del duque de Edimburgo, concluyó con una cena de gala en el palacio de El Pardo, a la que asistieron 150 invitados, rigurosamente seleccionados.

Junto a la soberana británica se sentaban el rey Juan Carlos y el Príncipe de Asturias, la infanta Cristina, el embajador británico en España, lord Nicholas Gordon Lennox (quien el próximo verano será sustituido al frente de la Embajada de Madrid); el presidente del Congreso, Félix Pons; la ministra portavoz, Rosa Conde, y las esposas del presidente González y del ministro Fernández Ordóñez.

Junto al duque de Edimburgo se sentaban la reina Sofía y la infanta Elena, el conde de Barcelona, el presidente del Senado, José Federico de Carvajal, el ministro de Asuntos Exteriores, el presidente del Gobierno, Felipe González, y las esposas del embajador británico, del presidente del Congreso y del ministro de Defensa, Narcís Serra. Posteriormente, la banda de la Royal Navy interpretó la beat retreat (retreta) para los invitados de Isabel II.

Entre otras personalidades del mundo de las finanzas y la cultura se encontraban también presentes los duques de Alba.

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