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Tribuna:LAS PERSPECTIVAS DE CRECIMIENTO ECONÓMICO

La presión económica sobre los líderes mundiales

PAUL A. SAMUELSONLa economía norteamericana, y con ella la de todo el mundo, está demostrando tener ahora, a mediados de 1988, un gran empuje para el crecimiento. Los 50 pronosticadores de opinión -en bancos, sociedades, universidades y organismos públicos- están alzando frenéticamente sus cálculos para poder llegar con rapidez a la altura de una realidad cada vez más ascendente.

En Wall Street y en la City de Londres, inversores y especuladores temen que las buenas noticias sean ciertas. "¿Debemos malvender nuestros bonos antes que la Reserva Federal y otros bancos emisores pisen con fuerza el freno de la política monetaria?".El candidato republicano a la presidencia, George Bush, busca desesperadamente noticias alentadoras para compensar el pesimista sondeo sobre sus votos, que aún le sitúa detrás de Michael Dukakis. Es preciso que el panorama económico le ofrezca algún alivio a Bush.

Lo que Bush rechazó en 1980, cuando eran rivales a la nominación republicana, como la voodoo economics (economía de magia negra) de Reagan, parece para los no economistas estar funcionando. ¡Si las fuerzas astrológicas hechizaran a la oposición demócratal

¿Qué se preguntan los dirigentes europeos, los de la cuenca del Pacífico y los de las naciones en desarrollo?: "¿Cuánto tiempo durarán las buenas noticias con el crecimiento de la producción y una inflación controlada? ¿Puede seguir manteniéndose la recuperación del dólar con respecto al marco y al yen? ¿Pagará el mundo por el próspero 1988 con un año de recesión en 1989? ¿Serán corregidos por el nuevo presidente electo en noviembre los espectros gemelos del enorme déficitfiscal y de la balanza de pagos? Si así fuera, ¿será, para una prosperidad mundial, peor la cura que la propia enfermedad?".

No tengo respuestas precisas para estas dificiles preguntas. Tampoco sé cuál será el candidato triunfante a la presidencia.

Sin embargo, afortunadamente, no resulta importante cuál de los dos partidos sea el vencedor. El gobernador Dukakis no está arraigado en el pueblo como Jessie Jackson ni el vicepresidente Bush es un Herbert Hoover. Como analista, puedo predecir que ambos serán cautos hasta el grado de la timidez en lo que respecta a drásticos cortes en los futuros déficit presupuestarios.

El mundo más allá de EE UU ha vivido y prosperado con la juerga económica de las reaganomics (economía realizada por Reagan). Se las arreglará para coexistir con la nueva legislación que inventarán la nueva Casa Blanca y el próximo Congreso.

No hay que ilusionarse esperando que se produzca un equilibrio en el comercio exterior norteamericano ni deben esperarse milagros en lo que concierne a la aciaga herencia del déficit estructural de Reagan.

Lo que sí puede considerarse como una esperanza realista, ya que se trata de un reconocimiento tardío, es que nuestra sociedad, que ahorra muypoco, se ha convertido en una sociedad que está sujeta a una baja presión fiscal.

La receta del diablo

Ésta ha sido la receta del diablo para una sociedad que invierte y ahorra poco y que, además, depende excesivamente para la creación de su capital interno de los fondos y propiedades de ahorristas extranjeros. Esperemos que finalmente el electorado termine con este callejón sin salida y concluya la década de los ochenta con una corrección del sistema fiscal.

El gobernador de la Reserva Federal, Alan Greenspan, ha demostrado hasta ahora ser un digno sucesor de Paul Volcker. El día del crash de octubre, la Reserva Federal anunció que facilitaría el crédito suficiente para que no cundiera el pánico si se, producía una recesión. Cumplió su promesa.

A pesar de la política en un año de elecciones, la Reserva Federal ha estado apretando los tornillos del crédito como una medicina preventiva contra la acelerada inflación. Esto no significa que se haya logrado afinar todo de una manera perfecta, pero demuestra el buen sentido de inclinarse a favor del viento.

Los altos tipos de interés de Estados Unidos, debidos a nuestra recuperación en las exportaciones y en las inversiones a plazo fijo, han fortalecido temporalmente el dólar en los mercados de cambio extranjeros. Sería ingenuo extrapolar este alza. Mi presentimiento es que los tipos de interés subirán en otras partes compitiendo con los nuestros. Me parece que el año siguiente al día de las elecciones será presumiblemente testigo de un retorno a la debilidad del dólar y no del mantenimiento de su solidez.

Una de las virtudes insuficientemente apreciadas del actual tipo de interés variable es que no tenemos que decidir cuál será la tendencia de los futuros tipos de cambio. Estadísticas del Fondo Monetario Internacional indican que siete de las economías domi nantes del mundo han consegui do desde hace un año un 4,5% de crecimiento.

La continuidad de tales tipos de interés durante un par de años o más podría ser posible para Europa. Sin embargo, Japón, Canadá y Estados Unidos arriesgan definitivamente su índice de inflación si tratan de mantener el ritmo actual.

Tanto el Banco de Japón como el Banco de Inglaterra deben estar enfrentándose ahora con los mismos dilemas de la Reserva Federal: cómo prolongar la recuperación sin crear una tendencia infiacionaria, pero sin perder tampoco su impulso.

La historia de la economía está llena de casos donde los crashes de bolsa y las grandes recesiones concluyeron con períodos de expansión mundial. Aunque parece prematuro para decir que el ciclo comercial se ha extinguido, creo que las economías mixtas en la era posterior a Keynes pueden continuar para atenuar las fluctuaciones innecesarias de la vida económica.

Resulta aparentemente herético para cualquier candidato hablar de economía durante la campaña. Eso no obliga al próximo presidente americano a repetir el actual modelo de negligencia nociva.

Traducción: C. Scavino.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 12 de septiembre de 1988