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La televisión sueca emite, en plena pugna electoral un filme que muestra a Palme como un cínico

Polémico en su vida, el ex primer ministro sueco Olof Palme lo sigue siendo después de muerto. El más reciente episodio al respecto ha sido la exhibición del filme, producido por la televisión británica, The Bofors affaires, que muestra al dirigente sueco, asesinado en febrero de 1986, como un político mentiroso y cínico. Estrenado hace tres días en Londres, la televisión sueca, con celeridad inusual, lo adquirió y exhibió un día después en su país, en plena campaña electoral de los comicios que tendrán lugar el próximo día 18, domingo.

El mensaje central del filme puede sintetizarse en algunas frases de periodistas y sus entrevistados: "Olof Palme hablaba de paz y desarme por la mañana y vendía armas a países en guerra por la tarde", "héroe con pies de barro y las manos mojadas en sangre", la doble moral de Suecia y la socialdemocracia, que hablan de paz en los foros internacionales y venden armas ilegalmente a países del Tercer Mundo".Construido sobre la base de múltiples testimonios, el filme da una visión global de un hecho conocido, denunciado y actualmente investigado, sobre negocios ilegales de la empresa que fundara el venerado inventor de la dinamita, Alfred Nobel. No aporta, por consiguiente, nada nuevo e incurre, incluso, en algunas inexactitudes. Los hechos básicos sobre los que se ha construido son incuestionables, aunque no así la forma cómo se procesaron.

Sobre la presunción de que el Gobierno socialdemócrata y Olof Palme, en su condición entonces de primer ministro, favorecían esas exportaciones ilegales de la empresa Bofors, en particular la efectuada a la India en 1986, que fue la mayor venta de armas en la historia de Suecia, se induce al espectador a la conclusión de que Palme fue un hipócrita, como también lo es Suecia cuando habla de paz y desarme en los foros internacionales.

Efecto contrario

El efecto parece haber sido contrario al perseguido por los productores del filme y quienes en Suecia quisieron utilizarlo como arma electoral. Y no por que se consideren falsos los hechos esenciales sobre los que está construido, sino por la forma en que están manejados y por los propósitos subyacentes. Hay incluso detalles de mal gusto, como la escena del velatorio de Palme y la intervención, poco después, de Rajiv Gandhi ensalzando en su discurso la figura del difunto como luchador por la paz, que chocan con la sensibilidad del pueblo sueco. O las palabras de la presentadora, exhortando al pueblo a despertar de su ingenuidad de creerse pacifistas.Algunos memoriosos recuerdan, por otra parte, que la misma televisión sueca suspendió en 1980 la proyección de otro programa de origen norteamericano que mostraba las consecuencias de la bomba atómica, con el argumento de que podía influir en los electores, que se aprestaban a participar en el plebiscito que en marzo de ese año tuvo lugar sobre el destino de la energía nuclear en el país. Y más recientemente la suspensión de otro filme sobre la muerte de Palme, esta vez de origen soviético, a raíz de las presiones de la embajada nortemericana en Estocolmo.

En un país donde está prohibida la pesca con luces, que encandilan a los peces, por considerarla una forma desleal de capturarlos, la exhibición del programa a diez días de las elecciones, viola leyes del juego no escritas, pero que todos sienten como válidas. Es significativo el silencio con que la Prensa, casi sin excepción, respondió a la emisión.

Olof Palme, protagonista destacado en un cuarto de siglo de la historia de su país, sigue presente después de muerto.

Al menos un centenar de personas, entre las que se encuentran periodistas, expertos en electrónica, e incluso policías que renunciaron a su cargo después del crimen, trabajan privadamente en el esclarecimiento del caso.

Uno de esos grupos acaba de realizar un seminario en Estocolmo en el que, entre otras conclusiones, afirma que la cinta en que estaba grabada la hora en que se recibió en la policía la alarma sobre el crimen ha sido falsificada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de septiembre de 1988

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