Por la paz
Los planes de reforma puestos en marcha por Gorbachov han tenido como corolario una distensión entre Oriente y Occidente. Sin embargo, es demasiado pronto para saber si tal distensión, por parte soviética, es considerada como consecuencia de un deseo real de alcanzar una paz duradera, o si dichas reformas tienen como fin salvaguardar el poderío soviético, debilitado por razones económicas y tecnológicas internas.Pero una cosa es cierta: el movimiento reformista parte de la cúpula del Partido Comunista, cuyos dirigentes no pueden ni imaginar un pluralismo político que les hiciera desaparecer, ni reducir la potencia militar global que ostentan en la actualidad.
La cuestión más importante, en consecuencia, es saber si las etapas de democratización vigilada van a ser irreversibles o no; si cada etapa franqueada ya será un paso más en el camino a la desaparición del edificio totalitario que es el sistema soviético.
Frente a estos bandazos en el bloque socialista, las opiniones públicas y las autoridades políticas occidentales se encuentran bastante despistadas, en un abanico que cubre desde el escepticismo más absoluto hasta aquéllos que piensan que ya se ha producido un cambio histórico. Así, entre los que piensan con algo menos de radicalismo, ha empezado a germinar la idea de formar institutos para la paz, en los que organizar encuentros y favorecer el diálogo en un clima distendido.
7 de septiembre


























































