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Cartas al director

Bruce

Intentábamos, en medio de la borrachera, entonar el estribillo de Hungry heart.

A veces hasta creíamos que cantábamos como él. Era el alcohol.

Entonces desistimos: nuestra forma de ganarnos la vida no iba a ser el rock and roll.

Hoy Luis tiene novia formal y está haciendo informática; yo intento, mal que bien, acabar mi carrera de periodismo. Es obvio, pues, que ninguno de los dos habíamos nacido para correr. El romanticismo dejó paso a la realidad.

Así, qué remedio, ahora nos conformamos con ser multitud, aunque sea esa multitud de 60.000 personas que el otro día aclamó a Bruce en Madrid.-

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