Todos los bancos que operen en España podrán formar parte de las bolsas

Todos los bancos autorizados a operar en España, nacionales o extranjeros, podrán formar parte de las bolsas de valores una vez que se apruebe la segunda directiva comunitaria de coordinación bancaria, previsiblemente en la próxima primavera, al final del mandato de la presidencia rotatoria de la Comunidad Europea que ejercerá durante el primer semestre de 1989 Felipe González, según ha trascendido durante el curso de política monetaria desarrollado la pasada semana en Santander. El sistema financiero español se verá también muy afectado por la regulación de las participaciones bancarias en las empresas, sobre todo industriales.La desaparición del monopolio disfrutado durante las últimas décadas por los agentes españoles de cambio y bolsa en la intermediación del mercado de valores, cuyos primeros pasos están previstos en la ley de reforma del mismo que acaba de aprobarse, llegarán con la citada directiva. Ésta complementa la recientemente aprobada sobre movimientos de capitales a corto plazo. Aunque España logre alguna reserva, deberá estar plenamente en vigor para 1992.

Todos los cambios previstos en el proyecto de nueva regulación bancaria tendrán carácter de mínimos para los doce miembros de la Comunidad Europea, entre ellos el de que los bancos han de reunir un capital de al menos cinco millones de ecus, cifra inferior a unos 850 millones de pesetas, poco más de la mitad que los 1.500 millones exigidos ahora en España a los nuevos bancos, si bien se considera que la mayor parte de los estados se alinearán en torno a esta última cifra.

Flexibilidad

Al término del curso de política monetaria, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Santander y dirigido por José Viñals, éste destacó entre las conclusiones que los problemas derivados de la innovación financiera y la internacionalización requieren flexibilizar notoriamente la política monetaria, incorporando en su formulación y seguimiento las informaciones procedentes de los movimientos de tipos de cambio y de interés.

También se admitió que la política monetaria no puede por sí misma conseguir el equilibrio interno y externo de la economía. Es imprescindible su coordinación con la política fiscal a nivel nacional y, además, la coordinación de ambas a nivel internacional.

Ante a los ajustes que traerá el mercado único europeo habrá que coordinar estrechamente las políticas monetarias mediante un banco central e introducir mecanismos automáticos de transferencias comunitarias, desde las regiones más favorecidas a las menos favorecidas, para asegurar la cohesión social.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 31 de julio de 1988.

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