Sanidad rural
Llega un día cuando entras en la sexta década de tu vida, no has estado enferma y no has utilizado los servicios del médico. Ese día tienes fuerte dolor de estómago y estás muy cansada; haces un esfuerzo, te levantas de la cama y vas a la,consulta; llegas un minuto tarde, te niegan el número de turno, protestas y al final te lo dan. Te toca el turno, el médico te ve y no le da importancia; si le duele tome Primperan (a mi hija se lo recetaron con cuatro años, para no vomitar), y mientras, dos o cuatro días sin comer.A los pocos días no queda más remedio que ir a molestar al doctor a la una de la madrugada; su respuesta no fue alentadora (yo me pregunto: ¿tienen horario las urgencias?); reconoce a la visita, pero no ve nada, no ve que no tiene color en la cara. "El cansancio es de la gripe, y para el estómago siga a dieta", son sus palabras. Dos días después fue a Valladolid, entró por su propio pie en la residencia (aquí sí funcionó muy bien la sanidad pública; por ello, mi agradecimiento al doctor Madrazo, equipo y enfermeras de la segunda planta) y a los 20 días salía camino del cementerio de su pueblo natal. Tenía un tumor.
¿No sería mejor, señor director, que los médicos de pueblo, ante cualquier duda, extendieran un volante? Quizá se salvaría alguna vida y no serían molestados.- Rosa María Calvo Gómez.


























































