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Entre el tribalismo y la democracia

Guinea Ecuatorial quiere superar las influencias étnicas

Las dificultades para el establecimiento de una democracia al estilo de los países europeos se hacen patentes en Guinea Ecuatorial, donde el conflicto étnico -las dos tribus principales son la bubi y la fang- constituye el campo privilegiado de la política. En los tiempos del dictador Francisco Macías, muchas veces las crisis étnicas se saldaban con sangre. Bajo el régimen de Teodoro Obiang, que asumió el poder bajo la promesa de democratización, se acaba de dictar la primera ley de Partidos Políticos que permite la participación de una sola formación en las elecciones presidenciales del próximo año. Una enviada especial de EL PAÍS visitó recientemente la zona.

"La esperanza no sólo de Guinea sino de toda África está en la unidad y superar las divisiones tribales", afirmaba dolorido recientemente el poeta Juan Balboa Boneke, de etnia bubi, ex opositor y exiliado y actualmente consejero del presidente Teodoro Obiang. "Pero hoy", seguía, "incluso en los dificiles momentos en que nos hallamos cuando alguien propone una solución a los problemas no se considera su aprobación en base al contenido en sí de la propuesta sino en base a quién la hace, cuál es su apellido, su tribu y su clan".Bubis y fang

Entre las distintas etnias, las dos principales son la bubi -originaria de la isla de Bioko- y la fang -procedente del continente- La elección como presidente de Francisco Macías -que al igual que el actual presidente era fang- marcó una época de terror para los bubis que fueron objeto de un genocidio que todavía alimenta los resentimientos de los isleños hacia los fang que consideran como invasores.

A pesar de que van aumentando los casos de matrimonios mixtos entre las dos etnias, todavía se dan casos de ancianos bubis que hacen jurar en su lecho de muerte a sus hijas que no contraerán matrimonio con un hombre fang.

Mientras que los bubis tienen un ámbito familiar que se limita a los parientes más cercanos, los fang poseen una memoria familiar relacionada con la distinción en clanes que les permite remontarse, en base al apellido, en su árbol genealógico, hasta antepasados desconocidos y reconocer lazos de sangre con los miembros de su etnia esparcidos en Gabán y Camerún.

La facilidad con que se establecen lazos de hermandad entre los fang y los códigos de responsabilidades y deberes que para los contrayentes comporten han sido una de las constantes utilizadas para el análisis de la situación política guineana.

A pesar de que el Gobierno de Obiang se declara a favor del fin de estas actitudes, los observadores políticos en Malabo apuntan a menudo a la influencia que tienen sobre sus decisiones sus familiares, que se designan con el genérico epígrafe del clan de Mongomo, al que se culpa de los grandes desmanes registrados en los 10 años de gobierno de Macías, su tío.

Obiang, en este sentido, tiene que mantener un equilibrio entre el respeto a unas tradiciones en las que, por ejemplo, juega un importante papel la decisión de los ancianos, y que puede convertirse en un peligroso foco de intrigas incluso de cara a un jefe de Estado.

De hecho, el rival más peligroso de Obiang ha sido otro tío suyo, Mba Oñana, recientemente salido de prisión, donde ha pasa- do unos dos años tras su fallida intentona de derrocamiento de Obiang en 1986. Oñana, que contaba con el poder del carisma que el presidente no tiene entre las fuerzas armadas que dirigía, demuestra la fuerza que aún conservan determinados sectores duros del clan de Mongomo que, fieles a la línea de Macías, consideran a Obiang demasiado blando y despreciable por su profunda identificación hispánica.

Difícil democratización

El tribalismo y la involución, de la que, 10 años después de la muerte de Macías, todavía no han logrado sobreponerse, han sido los principales caballos de batalla de las autoridades guineanas a la hora de plantear el proceso de democratización prometido por Obiang y que está previsto culmine el próximo año con la celebración de elecciones presidenciales. En ellas, según establece la recién elaborada ley de Partidos Políticos, sólo está previsto que participe un partido, el Demócrata de Guinea Ecuatorial.

"La ley no cierra las puertas a que un día no haya más partidos", explica Eloy Eló, responsable de las relaciones entre las Cortes y la presidencia y uno de los promotores del recién estrenado partido, cuyo primer congreso se celebrará el próximo septiembre.

"El concepto de democracia europeo exige la creación de partidos; al plantearnos este hecho vimos que el sistema de partido único está obsoleto; pero al mismo tiempo el pluripartidismo no conviene en África por una serie de razones, que no se pueden comprender desde Europa utilizando sólo las coordenadas de la realidad de allí", explica Eló. "Por ello, decidimos establecer un primer partido a través del cual los guineanos se vayan entrenando y habituando a las prácticas electorales y, cuando las condiciones lo permitan, seguir adelante con otros", añade. Si bien todo el pueblo está obligado a contribuir económicamente al partido, la militancia no es obligatoria.

"La democracia a la europea en Guinea es todavía prematura, porque el concepto de rival político que prima aquí es el del enemigo que hay que descabezar, el del tribalismo político", subraya Rafael María Nze, arzobispo de Malabo, que en los años de Macías tuvo que exiliarse por razones de seguridad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de marzo de 1988