Crítica:Crítica
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Concierto festivo

La atmósfera del Palau de la Música todavía aparecía tensa por las recientes actuaciones de Claudio Abbado al frente de The Chamber Orchestra of Europe, particularmente por su primer concierto, absolutamente inspi rado, y que incluía, además de la Cuarta de Schubert, la Serenata número 2 de Brahms, la Sinfonía 101 de Haydn, y Egmont, de Beethoven.Este concierto de la Orquesta Municipal -último de sus ocho programas ofrecidos en este trimestre- relajaba la excitación precedente con un programa festivo, fin de año. La Sinfonía de los juguetes, atribuida a Leopoldo Mozart, obra agradable, aunque algo repetitiva, con la colaboración de los alumnos de la Sociedad Musical de Liria, hizo, como se dice tópicamente, "las delicias del público" en general.

Concierto de la Orquesta Municipal

Obras de G. Bizet, L. Mozart, G. Puecim, Ch. Gounod, C. Mª von Weber y J. Strauss I. Intérpretes: Alumnos de la Sociedad Ateneo Musical y de Enseñanza de la Banda Primitiva de Lliria. Enedina Lloris, soprano. Orquesta Municipal de Valencia. Manuel Galduf, director. Palau de la Música de Valencia, 19 de diciembre.

En la selección de L'arlesienne, de Bizet, la orquesta se mostró correcta en las cuerdas, volvió a constatar la seguridad de la sección de maderas, en esta ocasión con una excelente primera flauta en el menuet, y la irregularidad de los metales más evidente, por ejemplo, en el exuberante prélude.

La lujosa orquestación de Berlioz sobre La invitación al vals, de Weber, tuvo pujanza en el sonido de la orquesta, dirigida por su titular, Manuel Galduf, antes que trabadura, entre sus partes contrastadas. El vals vienés señalaba a lo largo del concierto las típicas fechas navideñas.

Impecable elegancia

La soprano Enedina Lloris comparecía por tercera vez en este trimestre ante el público valenciano: un Don Pasquale, un concierto que incluyó piezas de Martín y Soler y de Mozart, en el que destacó como idónea Susanna, y éste, construido por arietas y valses; el de Musetta, de La Bohème, tirante en los agudos por la voz todavía fría, y los de Mireille y Romeo y Julieta, con impecable elegancia, legato y brillante en la coloratura.De regalo ofreció La canción del frumfru, ajustada a su carácter. Durante su interpretación repartió algunas flores entre los músicos.

La Marcha Radetzky, bien interpretada y acompañada por las palmas del público, cerraba agradablemente este programa de conciertos de otoño -a falta de un Mesías mas ajustado a lo tradicional en estas fechas-, un apretado ciclo con una interesante programación de la Orquesta Municipal, algunos acontecimientos musicales, y al que el público ha acudido con un entusiasmo sin precedentes.

Se veía principalmente un público joven, nuevo en su mayor parte, y para el que la música clásica ha sido como un descubrimiento en este primer año del Palau valenciano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 20 de diciembre de 1987.

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