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Crítica:

'OCAÑA' Un retrato muy 'salao'

Ocaña, retrat intermitent, película realizada por Ventura Pons en 1978, es un excelente documento sobre una persona, una condición y un ambiente social. La persona -o el personaje- es el andaluz -lamentablemente fallecido ya- José Pérez Ocaña, pintor naïf. La condición, la de homosexual, cuyas secuelas son las de la incomprensión, la injusticia social y la marginación, y cuya única arma para combatirlas parece ser el arte, tan magníficamente llevado por nuestro hombre, de la provocación. Y el ambiente, el de la Barcelona baja, las Ramblas y la plaza Real, su geografía humana y popular, su pintoresquismo.Ventura Pons sabe hermanar espléndidamente los tres focos de atención, mezclándolos y dando una sola imagen, nítida, inteligente, divertida a ratos y patética a otros. Tampoco idealiza la figura del protagonista; él es, acaso, el propio Ocaña, quien puede llegar a constituirse en héroe de su tiempo y su causa, a través de una entrevista larga donde el pintor, sin olvidar nunca su, por decirlo así, teatralidad, pasa revista a su infancia en Santillana, a su llegada a Cataluña, sus inicios en el campo de la pintura y sus obsesiones, sus saetas, sus imágenes religiosas, etcétera. En suma, un insólito y esperpéntico testimonio de un personaje singular y la realidad que lo rodea.

Ocaña, retrato intermitente se emite a las 0.55 por TVE-1.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 14 de noviembre de 1987