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Crítica:CANCIÓN

La difícil sencillez

El trabajo presentado por la cantante Amaia Zubiría y el guitarrista Pascal Gaigne, registrado ya en dos discos de serena transparencia, se inscribe en la mejor línea de canción que se hace en la actualidad en Euskadi, con resultados tan valiosos como originales. Su punto de partida es, una vez más, la canción tradicional vasca, y el tratamiento que de ella hacen resulta de una reconfortante modernidad.Una modernidad que no deviene de la utilización de fórmulas trilladas ni estereotipos, sino del rigor y la hondura de su planteamiento musical.

Es la suya una música de extraordinaria sobriedad y mesura dos acentos líricos, que encuentra. expresión idónea en la excelente y matizada voz de la cantante y en los dos juegos armónicos y que introduce el guitarrista.

Amaia Zubiría y Pascal Gaigne

Amaia Zubiría (voz) y Pascal Gaigne (guitarras, teclados y acordeón), con Jean-Louis Hargous (saxo) y Pablo Cueco (percusión).Sala Elígeme Madrid, 26 de octubre

Acompañados por dos músicos sobrios y eficaces, Amaia Zubiría y Pascal Gaigne ofrecieron un recital sin concesiones, exento de estridencias y exhicionismos, en el que todo gira alrededor de la búsqueda de una sencillez sonora que nada tiene que ver con la simpleza musical.

Un recital en el que no hubo nada accesorio, ni siquiera los silencios, que emborronara la belleza de las canciones y la limpieza de las interpretaciones. Tan sólo su larga duración distrajo en algunos momentos la intensidad que requieren unas canciones que por la sutileza de su elaboración exigen una atenta escucha, máxime en un local en el que se toman copas y en el que, pese al respeto del público, es difícil silenciar las conversaciones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 28 de octubre de 1987