Cartas al director
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'La' mujer

El comentarista de Televisión Española desplazado a Bulgaria con ocasión de los Campeonatos del Mundo de gimnasia rítmica es un profesional cuya modestia queda patente al reconocer en varias ocasiones, durante los diálogos que mantiene con la gimnasta española que le asesora en las retransmisiones, su escaso conocimiento e inexperiencia en temas de gimnasia. El reconocimiento de las propias limitaciones es, en algunos casos, loable.Lo que ya no es tan loable es la manera en que dicho comentarista se refiere reiteradamente a las gimnastas participantes en el campeonato: la Panova, la Lobath, la Dunavska, etcétera. Curiosamente, el pintoresco tratamiento lo dedica casi exclusivamente a las deportistas de Europa, del Este. En todo caso, las gimnastas españolas se ven excluidas del artículo precediendo a su apellido, tal vez para dejar claro que todavía hay diferencias.

Como quiera que las participantes en la reunión de Varna no parecen las más idóneas para que se les adjudique una especie de nombre de guerra, y habida cuenta que no es hábito extendido en los medios de comunicación ese tipo de tratamiento -el Lewis, el González, el Auita, no suenan muy allá -, parece oportuno que alguien le sugiera al modesto y recalcitrante comentarista la conveniencia de un cambio en los aspectos formales de su actuación profesional.

Me parece muy poco probable que haga uso del anacrónico tratamiento si alguna vez se refiere a su directora general ante una audiencia tan numerosa como la que ahora le sufre.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 24 de septiembre de 1987.

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