Un drama social
Verano, calor, horchata, ganas de marcha y otros meneos atmosféricos, líquidos o corporales, son malos aditivos a la contemplación de un clásico neorrealista tardío. Pero ahí está él, compitiendo con las terrazas nocturnas y las discos de la costa. Ante tanta necesidad lubrificante, reprocharle poca audiencia a El ferroviario, o reprochar a sus responsables su programación, no sería justo.Al resignado Rodríguez o al reincidente urbano, en agosto hay que recordarle que El ferroviario es uno de los éxitos más sobresalientes del que fuera actor y realizador (ambas tareas las desempeña aquí) Pietro Germi. Un cineasta que plantó cara a la realidad y reflexionó, con nigurosidad, sobre los temas de su tiempo; que intentó ese retrato social limpio y virtuoso que, al tiempo que documenta, critica. Puso también mucho empeño en mostrar verdades humanas en sus personajes. La que su protagonista, maquinista de tren veterano, denota. Un simple hecho, saltarse un disco rojo, repercutirá no sólo en su profesión, sino también en su entorno familiar.
El ferroviario se emite hoy, a las 22
10, por TVE 1.
Germi comprende al personaje y lo acaricia con cariño. Pero también comprende a los demás, al mundo que rodea a nuestro protagonista. No hay víctimas ni verdugos en su universo. Sólo ternura, desolación y cierto miserabilismo. El tono de El ferroviario se presenta totalmente naturalista, si bien de fondo nace una ironía y un soterrado sentido del humor que en un futuro barrerá la estela neorrealista para dar paso al esperpento y a la comedia costumbrista con carácter.


























































