Cartas al director
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Controles policiales

Trataba de imaginarme a un pobre y sufrido señor de ETA esperando dos o tres horas, con toda la paciencia del mundo, a ser detenido en uno de los controles policiales instalados en las carreteras catalanas tras el atentado en Hipercor (tema sobre el que es fácil pensar si nos toca estar un domingo más de cuatro horas para hacer un trayecto de 39 kilómetros).Me costaba creerlo, sobre todo porque un terrorista de ETA no es pobre ni es sufrido, ni mucho menos es señor. Lo más probable es que este individuo (si llega a merecer este nombre), de una u otra forma, desvíe su camino antes del control o, en el peor de los casos para él, deje el coche y se largue a pie.

Propongo que los controles policiales sean por sorpresa, de manera inesperada, sobre grupos pequeños de coches, en carreteras secundarias, calles, después de una curva o en situaciones en que realmente se logre atrapar a individuos que actúan con inteligencia y carecen del más mínimo escrúpulo.

Porque, aunque supongo y entiendo que estas operaciones policiales se ven potenciadas por el cobarde atentado al establecimiento Hipercor, me duele ver que se recurre a métodos en los que el principal perjudicado es el inocente españolito de a pie, niños, abuelos, familias enteras condenadas a interminables horas de espera, gastos inesperados.

Todo para sorprender a individuos que, por mínimamente inteligentes que sean, no se dejarán sorprender en una recta en la que se ve a los policías desde una distancia considerable y con más de media hora de antelación.- Luis Figueroa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 18 de julio de 1987.

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