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Crítica:'VIDA PERRA'

La confesión

Esperanza Roy es Juanita Narboni y nos cuenta su vida. Más que su vida es su desazón, su miserable existencia, su desesperanza perpetua. Mujer de provincias, solterona, anónima y sin ilusiones, su monólogo o confesión repasa momentos de su pasado que más valdría haber olvidado, porque son los frutos de un presente penoso, son imágenes del ayer que obstaculizan los sueños del mañana.Esta triste corteza de vivencias personales, basada en una novela de Ángel Vázquez, envuelve un filme arriesgado formal y conceptualmente de Javier Aguirre, Vida perra. Riesgo narrativo que muy inteligentemente siempre ha corrido el cineasta amortiguándolo con constantes salidas al terreno comercial. Recordemos que sus señas de identidad artísticas son las del anticine, textos escritos o, ensayos fílmicos que, al principio en el sendero del cortometraje, rompían moldes y causaban impacto.

Vida perra es, de alguna manera, la prolongación de esos insólitos postulados de Aguirre. Firmemente asentado en la capacidad de una gran actriz, que arrastra ella sola todo el peso de la película, el director se atreve a establecer una panorámica verosímil no sólo de una mujer, sino también, y sin salirse, por así decirlo, de un monólogo y cuatro paredes, de una época y un contexto social.

Vida perra se emite a las 22.45 por TVE-2.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de junio de 1987