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El Papa pide en el campo de Majdanek que no se olviden los horrores del nazismo

Nunca Juan Pablo II había estado como Papa tan cerca de la Unión Soviética como ayer, durante su visita a Lublín (sureste de Polonia), ciudad que alberga la única universidad católica de los países del Este y en cuya facultad de Filosofía Karol Wojtyla enseñó Etica de 1954 a 1978 Juan Pablo II visitó ayer el campo de concentración nazi de Majdanek, donde afirmó que debía conservarse en la memoria lo allí ocurrido "para que nos sirva de advertencia".

ENVIADO ESPECIAL, A su llegada a Lublin -fue primera capital de la República Popular Polaca hasta la liberación de Varsovia, en 1945-, el papa Wojtyla se quedó pensativo viendo una señal de carretera que indicaba: 'Wodawa". Si su coche papal hubiese seguido aquel cartel, se hubiese encontrado, a 80 kilómetros, en la frontera para él prohibida de Ucrania, en la Unión Soviética.Poco después, en la que considera su universidad, el primer papa polaco de la historia dijo, en un discurso ante los representantes del mundo académico, que esta ciudad es el centro "del gran proceso histórico entre Occidente y Oriente", en un movimiento de "atracción y rechazo al mismo tiempo". Un proceso histórico, añadió el Papa, en un enclave de Europa y del mundo que se ha convertido "en un lugar de dificil desafio".

Por la mañana, a su llegada a Lublin, el Papa quiso visitar antes que nada el tristemente célebre campo de concentración nazi de Majdariek, en las afueras de la ciudad, uno de los infiernos de la locura nazi mejor conservados.

La mañana era gris y había bruma. Había diluviado durante la noche. En un campo de 270 hectáreas que aparece a la vista como un inmenso y bucólico prado verde se pueden visitar, como trozos de museo, los restos aún intactos de lo que había sido el lugar de martirio de 360.000 inocentes, la mayor parte judíos, deportados rusos y polacos, y algunos que procedían de Europa occidental, entre ellos españoles.

Queda aún, entre otras cosas que el Papa visitó ayer, el horno crematorio donde murieron más de la mitad de las víctimas, sobre todo ancianos, mujeres, enfermos y niños. La otra mitad murió o fusilada o ahorcada.

Al lado del horno crematorio está aún la sala quirúrgica donde se les arrancaba en vivo los dientes de oro a los prisioneros antes de morir y un pequeño molino para deshacer los huesos que se resistían al fuego. Las cenizas servían como abono para fertilizar el jardín del comandante del campo, mientras que para regar las flores se usaba el agua racionada que se impedía usar a las madres para lavar a sus niños bajo pena de ser fusiladas inmediatamente. Quedan aún algunas de las 18 torres de control y de las barracas en las que se hacinaban los prisioneros.

"Las almas de los justos"

Al llegar al mausoleo del campo, hecho con restos de huesos y cenizas de las víctimas, Juan Pablo II se arrodilló y, cubriéndose el rostro con ambas manos, guardó silencio durante 10 minutos, que en aquel escenario parecieron eternos. Después se levantó y, sentado en una silla, escribió estas palabras en el libro de recuerdos: "Las almas de los justos están en las manos de Dios". Y firmó con unas letras gigantes que ocuparon media página del libro. Abrazó a la anciana Wanda Ossowska, de 72 años, que sobrevivió milagrosamente a los horrores de aquel campo y del de Dacnau. -ustea tiene que ser un testigo vivo", le dijo el Papa, "de lo que aquí vio y vivió, y todos nosotros debemos conservar en la memoria a los responsables de lo acaecido, para que nos sirva de advertencia". Y añadió: "Por nuestra parte, lo recomendamos a la justicia y a lamisericordia de Dios".Por la tarde, Juan Pablo II, en Czuby, el barrio moderno de la ciudad, celebró una misa en la que ordenó a 46 nuevos sacerdotes. En la homilía, el Papa polaco presentó al sacerdote Jerzy PopielusAo, asesinado por la policía en Varsovia,como modelo de nuevo mártir.

Ya a su llegada, el lunes, a Varsovia, Juan Pablo Il había citado durante la misa una frase de una de las homilías de Popieluszko, en la que éste afirmaba: "La cruz de nuestra patria, las nuestras personales y las de nuestras familias nos deben conducir a la victoria". Hay quien ha querido ver en estas alusiones directas a Popieluszko como ejemplo de sacerdote heroico una especie de prebeatificación del cura asesinado, cuyos sermones eran tan radicales en sus denuncias contra el régimen polaco que incluso había sido amonestado por el primado cardenal Josef Glemp.

Mientras tanto, la policía detuvo ayer en Lublin a nueve miembros del disuelto sindicato Solidaridad que siguen actuando en la ilegalidad; dicha fuerza afirma que se ha tratado sólo de una medida precautoria y que los detenidos serán liberados apenas se haya ido el Papa de Polonia. Y es que el deseo de todos, Iglesia y régimen, es que este viaje acabe sin manifestaciones importantes de protesta, ya que debe realizarse, como afirmó el Papa a su llegada, "en el signo de la comunión" y en la búsqueda por parte de todos de un nuevo "entendimiento nacional".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de junio de 1987

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